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La contaminación puede afectar al desarrollo cerebral de los niños

Un estudio del ISGlobal, en 39 escuelas de Barcelona, sugiere que causaría hiperactividad

Un estudio del ISGlobal, en 39 escuelas de Barcelona, sugiere que causaría hiperactividad.

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«Yo... he visto cosas que vosotros no creeríais: Atacar naves en llamas más allá de Orión... Todos esos momentos se perderán en el tiempo... como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir». Con esta frase de un androide muy humano acaba Blade Runner, un clásico de la ciencia ficción que Ridley Scott situó en 2019. Sólo quedan dos años para la fecha y en las ciudades los coches no vuelan y los robots aún no se confunden con humanos, pero la contaminación causa estragos. Hace un mes la Agencia de Salut Pública alertaba de que el aire de Barcelona supera los niveles de contaminación que recomienda la Organización Mundial de la Salud.

¿Y cómo afecta respirar un aire contaminado a las personas? El Ayuntamiento de Barcelona calcula que si se redujera la polución se evitarían 650 muertes prematuras cada año en la ciudad. Sobre todo, por enfermedades respiratorias y por cardiovasculares, pues a través del sistema pulmonar, las partículas contaminantes alcanzan la sangre y afectan al sistema circulatorio. Pero más allá de enfermedades respiratorias y cardiovasculares, la contaminación atmosférica por hidrocarburos policlínicos aromáticos (HPA), incluso por debajo de los límites establecidos por la Unión Europea, resulta que puede inducir cambios estructurales subclínicos en el cerebro de los niños, afectar al volumen de los ganglios basales y provocar síntomas de hiperactividad. Lo dice una investigación del proyecto BREATHE, liderada por científicos de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), que acaba de ser publicada por la revista «Environment International».

Los HPA son un grupo de contaminantes del aire que provoca la combustión incompleta de materia orgánica y se forman como consecuencia del uso de combustibles fósiles y biomasa, además del humo del tabaco o de la cocina a la brasa. En Barcelona, que es donde se ha elaborado el estudio, los científicos advierten de que la principal fuente de contaminación son los coches.

Para el estudio se midieron los niveles de contaminación de 39 colegios de Barcelona y se tomaron imágenes por resonancia magnética de 242 niños de entre 8 y 12 años que también realizaron test previos para evaluar posibles síntomas de Transtornos por Déficit de la Atención e Hiperactividad (TDHA).

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En estudios previos se había observado de manera consistente que los niños hiperactivos tienen un volumen reducido de los ganglios basales. Ahora, Marion Mortamais, autora principal de la investigación, destaca que «los resultados indican que la exposición a los HPA y en particular al bezopireno está asociada con una reducción del volumen del núcleo caudado, uno de los componentes de los ganglios basales». Este estudio es un motivo más para reducir la contaminación, sobre todo, la que causa el tráfico, constató Jordi Sunyer, jefe del programa de Salud Infantil de ISGlobal.