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La Lliga Democràtica, a por 300.000 votos

La formación de centro catalanista aspiraría a 5 escaños en unas futuras elecciones para evitar un Govern independentista

La formación de centro catalanista aspiraría a 5 escaños en unas futuras elecciones para evitar un Govern independentista

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Una nueva pieza puede irrumpir en el endiablado tablero político catalán en las próximas elecciones. Se trata de la Lliga Democràtica, un partido de centro no independentista impulsado, entre otros, por Eva Parera (ex Unió y actual concejal junto a Manuel Valls en el Ayuntamiento de Barcelona) que aspira a romper el empate entre bloques y actuar de «partido bisagra» dentro del frente constitucionalista.

Su objetivo: una bolsa de entre 250.000 y 300.000 votantes que le otorguen hasta cinco asientos en el Parlament, un resultado suficiente para evitar un próximo presidente de la Generalitat independentista y posibilitar un acuerdo entre formaciones tan dispares como el PSC, Ciudadanos o el PP, según explica la propia Parera en declaraciones a este diario. «Hasta ahora no han sido capaces de sumar».

«Ha llegado el momento de ofrecer a los ciudadanos catalanes descontentos, desconcertados y desilusionados con los estériles resultados del proceso independentista una opción política catalanista sin complejos que haga del diálogo, el pactismo y el buen gobierno su razón de ser», reza su manifiesto fundacional. Entre sus impulsores están, entre otros, la propia concejal Eva Parera, la politóloga Astrid Barrios y el ex presidente de Societat Civil Catalana, Josep Ramon Bosch.

«Hay que unir a la opisición», abunda Parera sobre la posibilidad de repetir en la Generalitat lo que ocurrió, en parte, en el Ayuntamiento de Barcelona con Ada Colau y la «vía Valls» frente a la Esquerra de Maragall.

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Las cuentas salen partiendo de los resultados de los comicios del 21 de diciembre, los más polarizados que se recuerdan. Hace año y medio, y en plena vorágine por el 1 de octubre y las elecciones derivadas de la aplicación del artículo 155, Ciudadanos logró un hito histórico en Cataluña al imponerse en las urnas con algo más de 1,1 millones de votos, muchos de ellos «prestados» por la excepcionalidad del momento, según el diagnóstico de Parera.

Apoyos moderados –del caladero tradicional de Unió o incluso de la ex Convergència– que fueron hacia el «partido naranja» por el desacuerdo de estos votantes con la vía independentista de Junts per Catalunya y también con las políticas de izquierdas del PSC. Ahora, la Lliga aspira a sumarlos.

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Para conseguirlo, este espacio se presenta como una fuerza de centro moderada «y catalanista», que huye de «ambigüedades» y favorable a medidas como el «despliegue del autogobierno» que «desarrolle su máxima capacidad con un sistema de financiación justo y equitativo». También que contribuya «lealmente al progreso del conjunto de España no sólo como locomotora económica, sino como fuerza de gobierno».

Su principal «handicap» es el tiempo, un aspecto imposible de controlar teniendo en cuenta la potestad de convocar elecciones es exclusiva del president de la Generalitat. Y aquí el escenario puede variar notablemente si la llamada a las urnas llegan en otoño, tras la sentencia del juicio del procés, o el año que viene, ya con un escenario más reposado. «El perfil del candidato o candidata idóneo puede variar considerablemente», explica Parera, quien asegura que es demasiado pronto para entrar en una quiniela de nombres.

Previsiblemente en septiembre la Lliga se presentará en sociedad y rechaza ser sólo un compendio de sectores descontentos de otras fuerzas como el Pdecat o Units per Avançar. Ésta última, junto a Lliures podrían tener cabida en el proyecto.