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¿Los nuevos fármacos contra el cáncer valen realmente su coste extra?

La Sociedad Europea de Oncología Médica saca los colores a las farmacéuticas

La Sociedad Europea de Oncología Médica saca los colores a las farmacéuticas

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La lucha contra el cáncer es una guerra de guerrillas, en la que batallones de médicos e investigadores dispersos a lo largo y ancho del planeta trabajan para derrotar a un enemigo común que se presenta como un monstruo de mil caras. La comunicación entre equipos de combate es clave para conseguir dianas contra el cáncer. Y para estimular el intercambio de ideas, soluciones y colaboraciones, la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO), que preside el Jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Vall d’Hebron, Josep Tabernero, se reúne estos días en Barcelona. Más de 29.000 oncólogos, de 138 países, intercambiarán 2.218 estudios. De ellos, 93 son de «alto impacto», esto quiere decir que cambiarán la forma de tratar algunos tipos de tumores, como el de próstata, el de ovario, mama, pulmón, los que tienen una mayor incidencia.

Tabernero explica que la lucha contra el cáncer avanza, sobre todo, con la inmunoterapia y las terapias celulares personalizadas. Que en este congreso se presenten más investigaciones que en otras ediciones –un 10% de autores españoles–, constata que los avances son continuos.

El problema para sistemas sanitarios como el europeo es que estas nuevas terapias, cada vez más específicas y personalizadas, tienen costes más elevados. Pero ¿son más efectivas? Para responder a esta pregunta, la ESMO ha creado una herramienta que ofrece información clara y detallada sobre los beneficios reales que aporta cada medicamento contra el cáncer. Su intención no es otra que ayudar a los profesionales, a los defensores de los pacientes y a los sistemas sanitarios de países y regiones a comprender y priorizar fármacos.

Porque resulta que un estudio elaborado en Francia, revela que la mitad de los nuevos medicamentos aprobados entre 2004 y 2007 para tratar tumores sólidos ofrecían pocos beneficios en relación a otros medicamentos existentes. Sin embargo, de media, estos nuevos fármacos tenían un coste de 2.525 euros superior a otras fórmulas equivalentes para el mismo tipo de cáncer. Por otro lado, otra investigación muestra que un mismo medicamento puede tener precios diferentes según el país. Concretamente, analiza el precio de distintos medicamentos oncológicos entre 2009 y 2017 y constata que hay 63 que cuestan el doble en los Estados Unidos que en Europa. Cosas del libre mercado. También es cierto que los Estados Unidos tienen mejores tasas de supervivencia y se atribuyen a una mejor disponibilidad de fármacos y tecnología.

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Revertir desigualdades.

La realidad es que no todos los países tienen igual acceso a los nuevos tratamientos, ni todos los fármacos llegan por igual, porque no todos los sistemas sanitarios incorporan las mismas terapias entre sus opciones de tratamiento. Una de las obsesiones de Tabernero es lograr que los pacientes tengan el mismo acceso a los tratamientos más óptimos para su tipo de cáncer. Y ahora que se despide de la presidencia del ESMO, deja esta herramienta, a la que llaman Escala de Magnitud de Beneficio Clínico, que ofrece una información clara y basada en la evidencia sobre los beneficios reales que aporta cada medicamento, para ayudar a equipos médicos y sistemas sanitarios a decidir qué fármacos son más eficientes. «No puede ser que el precio de un medicamento sea el mismo, si la eficacia no es igual», subraya. Para crear una clasificación sobre la efectividad de cada fármaco, esta herramienta evalúa aspectos como la toxicidad del medicamento, la supervivencia general y a largo plazo, o la calidad de vida.

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Aunque los estados no están obligados a utilizar la Escala de Magnitud de Beneficio Clínico de ESMO, países como Alemania y algunas Comunidades Autónomas –otra de las quejas de los médicos es que las CCAA no van a la una porque cada una tiene sus normas–, la tienen en cuenta para saber qué fármacos son los más efectivos y decidir cuáles ofrece como tratamiento.

Otra de las obsesiones de Tabernero ha sido combatir la escasez de fármacos básicos. Afecta a todos los países, no depende de su PIB, es más una cuestión de retrasos en la producción, problemas con las materias primas, de fabricación, unido a un aumento de la demanda. Para solventarlo, Tabernero instó a las autoridades a meter mano en el asunto.