Mas sigue en caída libre tras un año en manos de ERC

Los sondeos revelan que su apuesta por la consulta no le da réditos electorales

12 DE DICIEMBRE. Mas anuncia la pregunta y la fecha de la consulta soberanista.
12 DE DICIEMBRE. Mas anuncia la pregunta y la fecha de la consulta soberanista.

BARCELONA- En el discurso de la toma de posesión como president de la Generalitat, del que ayer se cumplió un año, Artur Mas alertaba del riesgo de colisión que podía producirse con el nuevo rumbo que tomaba la política catalana, sometida desde el primer minuto de la legislatura al objetivo de una consulta soberanista. Pocas veces las palabras de Mas han resultado tan premonitorias. Un año después de aquella toma de posesión, la colisión se ha materializado. El president ya tiene fecha y pregunta para la consulta y, a su vez, tiene la respuesta (contundente) del Gobierno. «La consulta no se va a celebrar», replicó Mariano Rajoy a las pocas horas de que Mas hiciera pública la pregunta encadenada que desea realizar el 9 de noviembre de 2014: ¿Desea usted que Cataluña sea un Estado? Y en caso afirmativo, ¿un Estado independiente?

Pocos se atreven a aventurar que la Generalitat vaya a repartir urnas en los colegios electorales el 9 de noviembre. Con la oposición frontal del Gobierno se hace muy difícil imaginar a Mas desbordando el marco legal. Un año después, la comunicación entre el presidente de la Generalitat y el presidente del Gobierno es prácticamente inexistente. Y Rajoy no parece precisamente por la labor de recuperar el diálogo con un Mas, preso de ERC, sobre todo a la vista de que no hace otra cosa que retroceder en las encuestas.

El líder nacionalista pidió «una mayoría excepcional» en la campaña de noviembre de 2012 para avalar una consulta soberanista. No la obtuvo. Al contrario. Pese a ganar, perdió 12 diputados en las elecciones (se quedó con 50 escaños de los 62 que tenía Convergència i Unió) y enterró la posibilidad de encarar su proyecto hacia la independencia con la autoridad que concede un gran resultado en las urnas. Pero el desgaste sólo había hecho que comenzar.

Todas las encuestas aparecidas durante el último año revelan la misma tendencia. En febrero de 2013, tras sólo dos meses de gobierno, el barómetro de la Generalitat reveló que, por primera vez en la historia, ERC se impondría a CiU en unas elecciones al Parlament. Y no sólo eso. El líder de Esquerra, Oriol Junqueras, se convertía en el mejor valorado, un atributo que hasta entonces estaba reservado para Mas.

Pero el president no detuvo el proceso soberanista. Le dio nuevas alas. Inició la creación de todo tipo de organismos para habilitar la consulta y diseñar la hipotética Cataluña independiente. Constituyó un consejo de sabios (el consejo asesor para la transición nacional), robusteció la diplomacia catalana en busca de apoyos internacionales a la consulta y buscó las complicidades de la sociedad civil y económica mediante la firma del pacto nacional para el derecho a decidir, una iniciativa que arrancó sin el apoyo de Foment del Treball y sin el del PSC, a quien ha perseguido sin éxito para ensanchar la base política del proceso.

La hiperactividad soberanista contrastó con la incapacidad del Govern para legislar. Apenas se han sacado adelante nuevas leyes en el Parlament durante 2013. Tan siquiera se aprobaron presupuestos, a pesar del acuerdo de estabilidad parlamentaria firmado con ERC al principio del mandato. Los republicanos se han hecho de rogar durante todo el año y CiU apenas ha levantado la voz. Únicamente Josep Antoni Duran Lleida ha embestido contra Esquerra. Hoy, sin embargo, Mas confía en estar en mejores condiciones para atraer a ERC al Govern. Tiene un pacto para aprobar los presupuestos de 2014 y un calendario para la consulta.