Unió pone punto y final a los 85 años de su historia

Los graves problemas económicos han perjudicado a la formación

El secretario general, Ramon Espadaler, se dirigió a los militantes
El secretario general, Ramon Espadaler, se dirigió a los militantes

Se avecina el final para uno de los partidos históricos de Cataluña, Unió Democràtica de Catalunya (UDC), por varios motivos, entre ellos un no muy mayoritario apoyo en las últimas elecciones, y también problemas económicos.

Se avecina el final para uno de los partidos históricos de Cataluña, Unió Democràtica de Catalunya (UDC), por varios motivos, entre ellos un no muy mayoritario apoyo en las últimas elecciones, y también problemas económicos.

El juzgado mercantil inició la liquidación de Unió tras constatar que no tiene viabilidad económica, con lo que la formación pone «punto y final» a 85 años de trayectoria, como admitió en una carta de despedida el secretario general, Ramon Espadaler.

De esta manera, el juzgadoque lleva el proceso concursal de la formación democristiana, dictó auto de inicio del proceso de liquidación, que el comité de gobierno de Unió, reunido ayer por la tarde, acató.

«La apertura del proceso de liquidación, por razón de quiebra económica y decretada por el juez mercantil, pone punto y final a nuestra trayectoria como partido político», escribió Espadaler en una misiva de despedida a la militancia.

El comité de gobierno de Unió da por terminado su mandato después de rescindir la totalidad de los contratos laborales, desvincular a la Fundación Coll Alentorn (Inehca) –que plantea convertirse en partido– y garantizar la preservación del archivo histórico de la formación fundada en noviembre de 1931.

Espadaler remitió a la militancia la carta que «nunca habría querido tener que escribir», una misiva que da por terminada la gestión de un proceso «doloroso» de cese de actividad que ha llevado a cabo él, después de que marchara del partido el máximo líder, Josep Antoni Duran Lleida, ahora retirado de la política.

Duran dimitió después de que el partido no lograra ni un diputado en las elecciones catalanas del 27–S ni las generales del 20–D, en las que Unió concurrió en solitario tras divorciarse de Convergència.

La pérdida de representación parlamentaria abocó la formación a una situación económica crítica, por la caída de ingresos y una deuda que ascendía a 19 millones de euros, por lo que tuvo que acogerse al concurso de acreedores.

Espadaler reconoció que no han llegado «al final del camino como instrumento político» porque hayan caducado «los principios fundacionales» de Unió, sino por la pérdida de presencia parlamentaria, la escisión de una parte del partido para fundar Demòcrates de Catalunya y la reducción de cargos públicos.

En este contexto, el democristiano asumió la «principal responsabilidad»: «Es momento, y así quiero hacerlo de forma explicita, de pedir perdón a todos los que consideráis que la gestión de este proceso no se ha hecho con la celeridad, la pericia o el tacto exigibles». Por su parte, el president Carles Puigdemont «entendió» la dificultad de tomar esta decisión.