Unió y Convergència, abocadas a la refundación

Espadaler se postula para suceder a Duran, que se despide con una indirecta a Mas. Dice que «las cosas hubieran ido mejor si Pujol hubiera optado por mí». Turull y Gordó se sitúan en la carrera por la secretaría general de CDC

Artur Mas y Josep Antoni Duran LLeida buscan un sucesor en sus respectivos partidos tras el divorcio de la federación
Artur Mas y Josep Antoni Duran LLeida buscan un sucesor en sus respectivos partidos tras el divorcio de la federación

Espadaler se postula para suceder a Duran, que se despide con una indirecta a Mas. Dice que «las cosas hubieran ido mejor si Pujol hubiera optado por mí». Turull y Gordó se sitúan en la carrera por la secretaría general de CDC

Del divorcio de CiU apenas hace medio año. El verano pasado, la federación contaba con 50 diputados en el Parlament de Cataluña, 16 en el Congreso, trece senadores, dos eurodiputados, 3.333 concejales y 436 alcaldes. Pero tras las elecciones autonómicas y generales, Unió ha desaparecido del mapa y CDC ha perdido casi la mitad de sus activos, cuenta con 30 parlamentarios catalanes dentro de la candidatura unitaria de Junts pel Sí y ocho diputados en el Congreso. Mientras que en el Senado esta semana se ha armado la de San Quintín porque el PSOE ha cedido dos senadores a CDC –que en Madrid se presenta bajo la marca de Democràcia i LLibertat– y otros dos a ERC para que los soberanistas puedan formar grupo propio.

Artur Mas se entestó en que la centralidad en la sociedad catalana virase hacia la independencia, pero lo único que logró fue dividirla. El 27-S, las candidaturas soberanistas –Junts pel sí y la CUP– obtuvieron el 47,8 % de los votos, mientras que el último barómetro del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat, elaborado en noviembre, señala que un 46,6 % quiere que Cataluña sea un estado independiente y un 48,2 %, no.

Atrás queda la CiU de Jordi Pujol, que gobernó Cataluña ininterrumpidamente entre 1980 y 2003, y que en las tres ocasiones que alcanzó la mayoría absoluta –1984, 1988 y 1992–, ella sola obtenía el 46 por ciento de los votos. Mas no quería pasar a la historia «como un traidor» del proceso y con su obstinación ha provocado daños colaterales en casi todos los partidos. El primer secretario del PSC, Pere Navarro, dimitió en junio de 2014, ICV se ha diluido entre los partidos de Pablo Iglesias y Ada Colau, la carrera de Antonio Baños como cabeza de la CUP ha durado un suspiro, y en vez de salvar a su partido, seis meses después del divorcio de CiU, ha liquidado a los dos líderes de la federación. Mas ha renunciado a la presidencia de la Generalitat y su eterno rival, Josep Antoni Duran Lleida, se ha despedido de Unió. Ahora, lo que queda de CiU, Unió y Convergència, tiene que reinventarse.

Duran no perdona a Mas su aventura soberanista. Tras anunciar su dimisión al frente de Unió, se despidió a través de una entrevista en «La Vanguardia» con un dardo. «Las cosas habrían ido mejor si Pujol hubiera optado por mi», dijo rememorando que Pujol llegó a dudar entre él y Mas a la hora de nombrar sucesor.

Después de 29 años, como líder de Unió, ahora es su partido quien busca heredero. El secretario general de la formación, Ramon Espadaler, dio ayer un paso al frente. En una entrevista en la radio pública catalana, no da a Unió por muerta. Explicó que el partido hace un «punto y aparte» y que la renuncia de Duran debe servir para que el partido busque un espacio en el catalanismo político desde la centralidad. El 16 y 17 de abril, el congreso nacional de los democristianos elegirá sucesor.

Duran ayudará al partido a sobrevivir. En su última carta web antes de cerrar su blog, asegura que tiene «mucho que aportar a Unió» y «a la política catalana». Con una metáfora futbolística, dice que su partido aún puede remontar porque «el equipo es extraordinario», aunque ha tenido que cambiar el entrenador, pese a que «era bueno».

Mas, en cambio, seguirá en CDC con la misma idea de refundar el partido. La jugada se situar a Carles Puigdemont le da tiempo. El congreso convergente se retrasará hasta junio, probablemente. Pero la carrera por la secretaria general ya ha empezado, de momento se postulan Jordi Turull –el candidato ungido por Mas– y Germà Gordó, el ex conseller de Justicia.