Encontrados restos de dientes y sangre en la bañera y en el suelo

Efectivos de la Guardia Civil junto al detenido tras el registro efectuado en la casa de Majadahonda
Efectivos de la Guardia Civil junto al detenido tras el registro efectuado en la casa de Majadahonda

La Guardia Civil halló ayer pequeñas muestras de sangre y otros restos biológicos (fibras y pelos) en el registro de la vivienda de la mujer desaparecida en Majadahonda

Los agentes de Científica de la Guardia Civil, que durante toda la jornada del lunes estuvieron registrando el chalé donde el presunto homicida de la argentina Adriana Giogiosa cometió el crimen, hallaron nuevos vestigios que ya están siendo analizados por los agentes del Laboratorio de Criminalística del instituto armado. Concretamente, se hallaron restos de sangre en la bañera y en el desagüe, según fuentes cercanas a la investigación, además de gotas en la pared y en el suelo, así como restos de piezas dentales humanas. Ahora, los agentes cotejarán los restos con la muestra de ADN recogida al hermano de la presunta fallecida, cuyo cuerpo se sigue buscando en el vertedero de Pinto y en Majadahonda, según las mismas fuentes. Por otra parte, los investigadores insistían ayer en que no se había hallado ningún resto de sangre en la picadora que el imputado, al parecer, guardaba en el garaje del chalé –donde presuntamente habría cometido el crimen– y ésta se encuentra «inutilizada» a efectos policiales. Por tanto, la hipótesis que se sigue barajando es que Bruno, en un brote de su enfermedad (al parecer padecía esquizofrenia), hubiera matado a Adriana y posteriormente la hubiera descuartizado para tirarla a distintos contenedores de la urbanización La Sacedilla.

Todos estos datos podrían no tardar mucho tiempo en salir a la luz, ya que está previsto que el juez que está instruyendo el caso, el titular del Juzgado de Instrucción número 1 de Majadahonda, levante el secreto de las actuaciones estos días tras haber dictado el ingreso en prisión provisional del detenido la semana pasada. Los investigadores también estarían tratando de dar con el paradero de la tía del acusado, Lidia, que era la propietaria original de la vivienda donde se habría llevado a cabo el homicidio, unos chalés adosados de protección oficial que se construyeron hace 27 años en la localidad majariega. Los agentes sospechan que Bruno podría haber acabado con su vida para quedarse él el chalé de La Sacedilla y poderlo arrendar. Sus problemas mentales no eran ninguna novedad para sus vecinos de la calle Teruel de Móstoles ni para los de Majadahonda.

Bruno y su pareja sentimental estuvieron ingresados en la Unidad de Psiquiatría del Hospital de Móstoles a petición del padre del joven y del ex marido de la novia de Bruno. Este último habría tenido esta voluntad porque tenían un hijo en común y temía por la integridad del menor dado las condiciones mentales tanto de la mujer como de Bruno. Habrían ingresado a finales del año pasado (octubre o noviembre) y pocos meses después salieron, ya que al imputado le consta una reseña en marzo de este año por un juicio de faltas tras una pelea, según fuentes judiciales.