La verdad del cuerpo

«Un cuerpo dice la verdad. No siempre, ni a la primera, pero siempre es el cuerpo el que dice la verdad». Es una afirmación de Coetzee que nos aproxima a la obra que el coreógrafo Javier Martín presenta el próximo sábado en el Teatro del Arte, «Antioedipus aut homunculus» (el antiedipo o el homúnculo), su nuevo proyecto de improvisación en el que la pieza va creciendo y cambiando al enfrentarse sucesivamente con el público hasta el día de su estreno y muerte; una creación colectiva. «En los cuerpos se leen las mentes. Los cuerpos modifican el entorno, tienen un tipo de presencia particular que imprime movimiento al espacio que ocupan. Sentir esas corrientes implica una comunicación sutil», asegura el coreógrafo.

Para que esta pieza se convierta en una verdadera obra en construcción, tras la representación se abre una reflexión sobre ella: un espacio para intercambiar impresiones y para la crítica abierta. «Es el momento de participar y compartir herramientas de crítica», añade. «Un proyecto singular requiere de un evento singular: ir a un teatro por la mañana a ver danza ya es inusual, interesante, y más si se trabaja con luz natural en un espacio que se abre por primera vez a las artes del movimiento», explica.

La creación y muestra de «Antioedipus...» sucede asociando diferentes estructuras y plataformas culturales y sociales con tipologías de gestión y trabajo de lo más diverso, que provocan sinergias estimulantes: «Resulta interesante el momento en el que un individuo toma consciencia de su patrón de tensiones, de cómo quedó enquistada en el cuerpo la memoria del dolor y del placer, y cómo todo ello le ha llevado a desarrollar sus modos de relación con el mundo, construyendo sus sistemas de creencias y sus dinámicas psíquicas, sociales, etc.», explica el autor, que sugiere al espectador preguntas acerca de la toma de conciencia de dichas dinámicas: «¿Intenta luchar contra ello mostrando su incomodidad y tratando de corregirse y disimular, cambiando las tensiones, nudos o quistes energéticos de lugar? O, al contrario, ¿lo acepta, permitiendo que la tensión comience a vibrar, a balancearse y encuentre elocuentemente su ruta de descarga? En este caso, que es el que implica transformación real y no parches, construimos nuevas relaciones a través del movimiento con nuestro entorno», termina.