Los límites de Madrid Central ya sufren el «efecto frontera»

A un mes de que comiencen las multas, los niveles de dióxido de nitrógeno aumentan en zonas limítrofes como Chamberí, Plaza de España y Castellana.

Las franjas rojas delimitan las zonas de Madrid Central prohibidas a los vehículos sin distintivo

A un mes de que comiencen las multas, los niveles de dióxido de nitrógeno aumentan en zonas limítrofes como Chamberí, Plaza de España y Castellana.

Han transcurrido dos meses desde que Madrid Central echara a andar. Una ordenanza pensada para reducir los niveles de tráfico –y por tanto, de contaminación– en la zona de Centro y que, sin embargo, no ha previsto que los miles de coches que a diario cruzaban por Alcalá y Gran Vía, dos de las principales arterias de la capital, van a tener que hacerlo por otras calles. O ya lo están haciendo. Así se desprende del último boletín mensual de calidad del aire publicado por el Ayuntamiento y correspondiente al mes de diciembre, el primero que refleja el impacto de las restricciones puestas en marcha por el Gobierno de Manuela Carmena. Los datos revelan las consecuencias para los distritos periféricos a las zonas vetadas al tráfico, como Chamberí, Moncloa o Castellana, que ya ven incrementado notablemente su tráfico y, consecuentemente, también la presencia de dióxido de nitrógeno (NO2), uno de los compuestos más nocivos emitidos por los coches y cuyas altas concentraciones provocaron la última activación del protocolo anticontaminación. Es el llamado «efecto frontera», que podría agravarse dentro de un mes, el 1 de marzo, cuando Madrid Central deje de suponer meros avisos para los infractores y pase directamente a las sanciones económicas.

Así, la estación de Cuatro Caminos, en Chamberí, es la que presenta un mayor aumento de los niveles de NO2, pasando de 60 µg/m3 –microgramos por metro cúbico– en diciembre de 2017 a 65 en el mismo periodo de 2018. Aunque todavía no se hayan producido multas por circular en Gran Vía sin los distintivos permitidos –ECO y Cero, principalmente–, la reducción de carriles debida a su reciente remodelación ha provocado que muchos conductores hayan optado por evitarla. Hay que recordar que, una vez vetada la Gran Vía, el eje de Bulevares –Génova, Sagasta, Carranza y Alberto Aguilera– pasará a ser la principal ruta de salida de la capital para miles de madrileños.

Precisamente en el límite de Gran Vía se encuentra la estación de Plaza de España. Tras Madrid Central, los niveles de NO2 han pasado de 53 µg/m3 a 56. Del mismo modo, la de Castellana, otra de las principales arterias, ha visto cómo el índice de dióxido de nitrógeno a crecido de 55 a 58 µg/m3. Aparte de los aumentos generalizados, hay que reseñar que el valor límite para la protección de la salud humana es de 40, según la normativa europea.

«Sin haber empezado a multar, ya ha aumentado la contaminación en el distrito. Nos tememos que el problema se agrave por una normativa que lleva dos años sobre la mesa sin que nadie haya previsto el problema», afirman a LA RAZÓN desde el colectivo vecinal Chamberí Se Defiende. De hecho, los datos ofrecidos son sólo las medias mensuales. En periodos más específicos, afirman desde la asociación, pueden comprobarse aumentos del 20% en los niveles de NO2 , así como los «incrementos más altos de los últimos cuatro años, duplicando la media permitida».