Madrid pierde al Velázquez y a Las meninas de los balcones

La tienda Objetos de Arte Toledano cierra sus puertas tras 60 años de historia

El balcón de Objetos de Arte Toledano, de luto por los atentados del 11-M
El balcón de Objetos de Arte Toledano, de luto por los atentados del 11-M

La tienda Objetos de Arte Toledano cierra sus puertas tras 60 años de historia

En el Paseo del Prado más cosas aparte de un Ministerio (el de Sanidad, Consumo y Bienestar Social), dos museos (el del Prado, probablemente el más reconocible e icónico de toda España; y el Thyssen-Bornemisza) o dos fuentes (la de Neptuno y la de Cibeles) que son auténticas insignias de Madrid. Hay por ahí desperdigadas otras paradas que hacen del kilométrico trayecto un lugar reconocible aunque no tengan un estatus tan alto: se trata, por ejemplo, de la tienda de Objetos de Arte Toledano que se ubica en el número 10 de la avenida y que tiene a Velázquez o a Las meninas ahí asomados, vigilando a todo aquel que pasa y que entra, sale, mira al establecimiento. Por poco tiempo, eso sí: el local cuelga el cartel de “Se vende”; cerrará las puertas pronto y será irrefrenable la pérdida de uno de los pedacitos más simbólicos de Madrid.

Sagrario Sánchez Tardío es una de los tres hermanos que actualmente regenta el local. Tiene 66 años; legalmente ya debería estar jubilada, pero su amor y su apego por un local de anchas y profundas raíces le hace seguir adelante: sus padres fundaron la tienda en el año 1960 y tanto ella como sus hermanos han luchado por conservarla: “Mi padre pagó un traspaso por la mitad de la tienda; medio local era un garaje, y el otro medio, una tienda de cocinas. Nosotros somos de Toledo, y mi padre enfocó el negocio a cosas típicas de allí; a los dos años, cuando se hizo con la totalidad del establecimiento, expandió el rango a productos de toda España”.

Los motivos del cierre corresponden al grosso de situaciones que se dan en estos casos; el primero de ellos, el principal, descansa en la economía: las ventas han bajado y un negocio de tal calibre resulta excesivamente costoso de mantener: “Los tiempos han cambiado: hay mucho turismo, pero la gente no gasta lo que gastaba. Esta es una tienda que no se puede mantener sólo con souvenirs o con imanes: son 650 metros, es un local con mucho gasto, mucho impuesto, mucho personal...”, explica Sagrario. El otro es la sucesión: mientras que para ella y sus hermanos el local es “su vida”, sus hijos no quieren hacerse cargo de él: “No tenemos sucesión. Nuestros chicos han pasado por aquí, pero todos tienen su carrera, su vida, en definitiva: otra idea de lo que es esto”, evalúa.

Lo cierto es que la afluencia de personas se antoja fundamental para mantener un negocio así. A pesar de estar tan bien ubicado y contar con tanta gente transitando diariamente (y en sentido bidireccional), no todos pasan a ojear, ni mucho menos a comprar: “El pasado agosto pusimos un marcapersonas que reveló que por esta calle caminaban más de 20.000 personas diariamente. Claro que a la tienda también pasa gente, pero el problema está en que no todos compran”. Y eso que el lugar es fácilmente reconocible por todos: “Viene mucha gente a Madrid y me dicen que pasan aquí antes que al Prado, que es visita obligada. Todos me dicen que es precioso, que es muy bonito... Pero de los adjetivos no se come”, zanja, tajante.

Sobre el futuro del local (¡y de las figuras!) aún no hay nada cierto; sobre el suyo, sí. “Tenemos una serie de clientes interesados, pero aún no hemos firmado nada. ¿Los balcones? Desgraciadamente, nadie los quiere. Tienen una firma, un logotipo... Y no acaba vendiendo. Estamos pensando en hablar con algún hotel; había estudiado el Prado o el Ayuntamiento, pero a ver quién accede a ellos”, comenta al respecto. Sobre quedárselos ella misma, afirma que “lo ha pensado”, pero que, desde luego, “por nada del mundo los va a tirar o a malvender”. ¿Y qué pasa con ella ahora? “El comercio es muy esclavo: son muchas horas y muchos días aquí que me han robado experiencias a lo largo de la vida. Yo creo que no habrá problema en recuperar ese tiempo”.

Los Objetos del Arte Toledano cierran de manera permanente pero su esencia siempre descansará dentro de los madrileños. Esas representaciones que permanecen ahí, varadas, expectantes con todo aquel que pasa, son parte de la historia de la capital. Un trozo de Madrid se pierde; las figuras lloran casi 60 años de historia codo con codo con una de las pinacotecas más laureadas del planeta, con uno de los monumentos más reconocibles de la ciudad y con cientos de miles de turistas paseando bajo sus faldas. Solo queda que alguna institución de cobijo a estos elementos a modo de homenaje: estos muñecos han visto de todo.