Un estudio recomienda los peajes contra la polución frente a cerrar al tráfico

En medio de duras críticas de los comerciantes y fuego cruzado entre el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, el consistorio que dirige Manuela Carmena inauguró el pasado 30 de noviembre Madrid Central. La medida, según han declarado en varias ocasiones tanto Carmena como el resto de los miembros de su equipo, tiene como principal cometido reducir la polución de la ciudad ante las reiteradas advertencias de la Comisión Europea sobre la calidad del aire de la capital. Pero puede que, entre las opciones que tenía a mano el consistorio, no se trate de la más efectiva para luchar contra la contaminación. Un estudio de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) concluye que poner peajes para acceder a la ciudad es «una herramienta superior» que las Zonas de Exclusión de Tráfico –LEZ, por sus siglas en inglés– «porque puede mitigar simultáneamente la polución y la congestión».

La clave de esta conclusión está en que «hay una fuerte relación entre la congestión y la polución», según aseguran sus autores, Valeria Bernardo (Universidad de Barcelona y TecnoCampus), Xavier Fageda (Universidad de Barcelona e Iese) y Ricardo Flores-Fillol (Universidad Rovira i Virgili). «Aunque el principal objetivo de las LEZ es reducir la polución, nuestros resultados ponen en cuestión la efectividad de esta política» debido al nexo entre atascos y contaminación.

¿Por qué siendo sobre el papel más efectivos los peajes que las LEZ para mejorar tanto la calidad del aire como la congestión las grandes ciudades optan de forma mayoritaria por restringir el tráfico? Por la impopularidad de los peajes, que los hace ser percibidos como «una nueva tasa que los ciudadanos tienen que pagar por un servicio que suele ser gratis», asegura el informe. Sin embargo, añade, este rechazo tiene un recorrido muy corto. En Estocolmo, los peajes de acceso a la ciudad sólo gozaban de un apoyo del 30% de la población al introducirse. Un año después de su aplicación, su aceptación se había incrementando hasta el 70% una vez que los habitantes habían comprobado su utilidad reduciendo un 20% el tráfico.

El estudio añade que los supuestos efectos regresivos para los bolsillos de los conductores no son tales. Así, asegura que los ingresos obtenidos se emplean en mejorar el transporte público, usado fundamentalmente por aquellos ciudadanos que tienen salarios más bajos y no pueden comprarse un coche. Además, la reducción de la congestión acorta los tiempos de viaje y el consumo de combustible, lo que supone un beneficio directo para el conductor. «Y comparados con las LEZ, los peajes son inequívocamente más redistributivos ya que las Zonas de Exclusión de Tráfico no logran ingresos y dañan a los conductores de vehículos antiguos que no pueden sustituirlos por otros nuevos que cumplan con los requisitos de emisiones», concluye.