Desde el escenario: Perversiones informáticas

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Historia para poder dormir, aunque intranquilo. Justin Bieber es un adolescente que canta, baila y recita, ya que también es actor. Siempre habrá quien opine si a eso que hace el muchachito se le puede llamar actuar, pero que tiene a muchas y muchos jovencitos con los ojos en blanco es innegable. El bueno de Justin, para gastar una broma, manda a unos amigos unas imágenes en las que aparece desnudo enseñando su culito de casi bebé. Como envía semejantes fotos a través de su Twitter, ya estamos a vueltas con la informática. El final de la historia es el lógico. Las imágenes saltan a medio mundo y el premio al culo del mes lo gana el juvenil cantante. Hasta que llegó el desarrollo informático, a nadie se le ocurría mandar fotos semejantes. El que lo hacía era considerado un sátiro, un pervertido, que terminaba teniendo problemas con la justicia. En la actualidad, y sobre todo entre los más jóvenes, pasarse imágenes con los momentos más ardientes es de lo más normal. «Viste el 'finde' que me monté, a las chicas no las conoces, son del gimnasio, el maromo es un colombiano que conocimos en la 'disco', que habrás visto que estaba como un jamón de bellota. Nos lo pasamos de cine». Ésta es una conversación tan habitual en la actualidad como hablar de lo que pensabas estrenar el Domingo de Ramos, en otros tiempos. Por cierto, que a la muchacha de la historia se le olvidó decir que, efectivamente, se lo pasaron de cine, pero del porno. Como a alguien hay que cargar con las culpas, apunto que la degradación de las costumbres es un camino abonado por la informática. Además, está creando paro en el sector. Pregunten a Miriam, la novia de Pipi, que es una prestigiosa «porno girl» que tiene que ir por los platós contando miserias, porque no hay trabajo en su digno sector. ¿Quién va a pagar por una película hot cuando gratis te manda un verdadero tratado sobre el sexo tu prima Adelaida la de Portugal, junto al marinero de tatuaje, en el fin de semana que pasaron de «cine»?. Mientras tanto, la mitad de la clase política con las manos achicharradas de tanto ponerlas en el fuego por algunos compañeros de partido.