Javier Sierra: «Las falsas noticias son la válvula de escape al miedo»

Ha publicado recientemente «El mensaje de Pandora», una novela de misterio

ENTREVISTA A JAVIER SIERRA, ESCRITOR, EN CUESTA MOYANO.CONNIE G. SANTOSLa Razón

Es un curioso por vocación y un inconformista, de esos que, mientras los demás ni reparan en una puerta entreabierta, él se detiene, la observa y le da un pequeño empujón para avistar lo que hay dentro. Por si acaso, que nunca se sabe lo que hay detrás de estancias donde pocos se han atrevido a atravesar. Es un rasgo que le define desde pequeñito, cuando vivía en su Teruel natal e iba al quiosco en donde siempre le echaba el ojo a publicaciones sobre ovnis, esoterismo y antiguas civilizaciones.

Aunque su bibliografía está preñada de misterios que indaga con pericia –«La cena secreta», «El maestro del Prado», «El fuego invisible» y su última publicación, «El mensaje de Pandora»– es transparente cuando se habla con él. Tiene una mirada clara, templanza y una conversación generosa. Javier Sierra es como una enciclopedia andante, entusiasta y didáctica. De ahí que a veces su interlocutor se quede ensimismado, algo que parece poco provechoso para un periodista. O no. Depende del personaje que se tenga enfrente. Con Sierra es cuestión de dejar que fluya la conversación.

Habla de Madrid con pasión. Si le buscan, acérquense a la Cuesta de Moyano porque «cuando llegué a la ciudad en el 87 tenía una paga de 1.000 pesetas para sobrevivir todo el mes y me la gastaba prácticamente comprando libros de segunda mano que forman parte de la biblioteca de mi adolescencia y juventud». Otro lugar donde es frecuente encontrarle es el Museo del Prado. Es otro de los sitios donde buscaba refugio «y con el correr de los años me ha inspirado mucho para mis libros, puesto que una parte de mi trayectoria literaria está ligada a misterios del arte». Por último, no puede dejar de nombrar el Monasterio de El Escorial, un lugar que «es la gran pirámide en tiempos de Felipe II. En ese monumento se concentró todo el esfuerzo de una nación».

Su confinamiento fue productivo. De él salió con un libro debajo del brazo, «El mensaje de Pandora». «También me estaba ahogando en esa situación, encerrado en casa. Al intentar entender por qué habíamos llegado a esto me encontré con que había un currículum histórico de enfrentamientos a pandemias que no conocíamos».

Se declara militante de la historia no oficial. «Sí, la de los heterodoxos y los herejes, los que iban siempre a la contra porque, no nos engañemos, la Historia en muchos aspectos es indistinguible de la propaganda. Quien la construye es el vencedor y por lo tanto hay que levantar la alfombra siempre y ver lo que hay abajo. Descubres que muchas cosas que se han hecho en el pasado y en el presente no obedecen a propósitos sublimes sino a reacciones a veces viscerales, a supersticiones o el miedo a la muerte».

El fenómeno de las «fake news» no le sorprende: «Han existido siempre. Se echó la culpa, sin fundamento, de la peste negra a los judíos. Se cerraron sus barrios en las ciudades porque pensaban que no solo la habían traído; también la habían generado sus magos y alquimistas. Las falsas noticias son la válvula de escape al miedo. Cuando no se sabe por dónde te viene el golpe, tratas de imaginar al monstruo que te está atacando y, como es invisible en muchos de los casos, hay que ponerle cara y ojos. En el siglo XIV y ahora que si es un experimento de guerra virológica de los chinos».

Sus reflexiones le llevan a una conclusión: en el comité de expertos también tendrían que incluir a historiadores y sociólogos. «Ayudarían a entender lo que está pasando ahora y en el futuro porque va a haber disturbios sociales. Siempre ha sucedido. Sus consejos serían valiosos, pero somos criaturas muy tercas».

Y también ignorantes, afirma en esa certeza, según Sierra, «de que el que se cree más listo es el más tonto. Es un problema de educación. Si tú te formas, lo primero que descubres es que eres un ignorante y a medida que sigues avanzando en el conocimiento te vas dando cuenta de que tu ignorancia es cósmica. Solo el soberbio presume de saber todo. Ése es el problema que tenemos con la mayoría de nuestros dirigentes: son unos soberbios y es el espejo de su ignorancia». Ahí deja el recadito para quien se lo quiera aplicar. Se admiten candidatos.