La asignatura de robótica cumple cinco años en las aulas de Madrid: esto aprenden los alumnos

Más de 400.000 alumnos han cursado esta materia para la que los profesores reclaman más horas a la semana

Reportaje sobre la asignatura de robótica en el Instituto Camilo José Cela de Pozuelo de Alarcón.
Reportaje sobre la asignatura de robótica en el Instituto Camilo José Cela de Pozuelo de Alarcón. FOTO: Jesús G. Feria La Razon

Suena el timbre del cambio de hora en el IES Camilo José Cela de Pozuelo de Alarcón, y los alumnos de primero de ESO entran en una clase de mesas circulares, presidida por una enorme pantalla. Es la hora de Tecnología, Programación y Robótica. Se sientan en grupos heterogéneos, y comienza la clase. Estos jóvenes, que apenas tienen 12 años, están aprendiendo a programar sensores que reaccionarán a distintas condiciones de luz, temperatura o movimiento. Algo que, a priori, parece sorprendente para su edad, pero pueden hacerlo. Lo entienden. De hecho, según pasen los cursos de Secundaria, los proyectos irán siendo más complejos, adaptados a sus conocimientos curriculares y a lo que aprenden, también, en otras asignaturas. El único límite: su propia creatividad.

Hace cinco años, la Comunidad de Madrid, comprendiendo que las aptitudes tecnológicas son fundamentales para el desempeño profesional en el mundo actual, implantaba esta asignatura como obligatoria, dotándola de dos horas semanales para los alumnos de ESO. Desde entonces, más de 400.000 alumnos han cursado esta materia, con la que se ampliaban los objetivos de la asignatura de Tecnología con nuevos contenidos de programación electrónica aplicada a la robótica y al diseño e impresión en 3D. Este instituto, además de llevar algunos años más ahondando en estos temas, cuenta con otra particularidad: tanto el director como el jefe de estudios del centro son profesores de esta asignatura.

Reportaje sobre la asignatura de robótica en el Instituto Camilo José Cela de Pozuelo de Alarcón.
Reportaje sobre la asignatura de robótica en el Instituto Camilo José Cela de Pozuelo de Alarcón. FOTO: Jesús G. Feria La Razon

“Con el cambio de la asignatura, en estos cinco años, se han implantado cambios significativos, esencialmente en los currículums en cuanto a la programación y la robótica”, dice a LA RAZÓN el director, Juan Manuel Delgado. Por su parte, Clive Calvo, jefe de estudios del centro, explica que “antes de que se implantara nosotros ya estábamos metiendo contenidos de programación, robótica e impresión 3D. De hecho, ya teníamos una impresora antes de que cambiasen la asignatura”. Ambos coinciden, además, en que las dos horas semanales que dedica cada clase a la materia se quedan cortas. “Los alumnos lo aprovechan mucho, pero creemos que le faltan más horas a la Tecnología”, apunta Delgado.

Dario y Mateo son alumnos de 4º de ESO. Llevan toda su Educación Secundaria con este currículum, y ambos, apasionados de la tecnología, están encantados con la asignatura. “Siempre me ha gustado la Tecnología. Sobre todo este año, que vamos a implementar la tecnología en un cohete y el Arduino, que es de lo que hemos estado aprendiendo los años anteriores, vamos a implementarlo en algo más práctico”, afirma Dario. A Mateo, por su parte, también le ha interesado siempre esta rama de conocimiento, ya fuera en los videojuegos o la construcción. “Estos cuatro años hemos estado aprendiendo diseño en 3D, Arduino, programación en bloques… Al final es gratificante porque piensas que estás trabajando por algo que tiene una finalidad, sea la que sea, y que con ello puedes ayudar a cualquier objetivo que se tenga”, explica. Además, en este curso tienen como optativa “Proyectos Tecnológicos”, en la que se centran en desarrollar un proyecto. “En nuestro caso estamos haciendo una hipótesis de unos robots para ayudar a un ecosistema en el que se contamina mucho”, señala. “Está muy bien poder trabajar en algo que tiene un objetivo que puede ayudar mucha gente”.

Otro punto que ambos destacan es que no solo se trata de la Tecnología en sí, sino de cómo esta asignatura puede trabajarse de un modo transversal. “Hemos visto cómo aplicar lo que vemos en otras asignaturas, en mi caso, como las matemáticas, así como la importancia del trabajo en equipo”, asegura Mateo.

Soluciones emocionantes

El modo de trabajar la asignatura parte, esencialmente, de presentar un problema con una solución abierta. “Cuando vas a una empresa no te dicen cuál es la solución, tienes que buscarte la vida”, dice Calvo, si bien reconoce que los problemas abiertos suelen “descolocar” a los alumnos en un principio. “El sistema educativo está pensado para resolver problemas completamente cerrados, de respuesta prácticamente única”, asiente. “Esto les dota de muchísima creatividad”, continúa Delgado. “Nosotros les enseñamos que todo el mundo tiene algo creativo y, sobre todo, todo el mundo tiene un potencial dentro. A unos se les da mejor construir y a otros mejor pensar teóricamente. Tratamos que no haya uno que sea el más inteligente y ese tire del grupo, sino enseñarles que hay una inteligencia colectiva en el grupo que es lo que hacen que resuelvan los problemas”, explica.

Además, tratan de “darle sentido” a la tecnología que están creando. Que tenga el fin de ayudar a las personas. “Para crear algo es necesario tener unos vastos conocimientos”, apunta. Es decir, “la creatividad no viene de la nada, y los conocimientos hay que dárselos, pero es verdad que tratamos que todo eso repercuta en que aprendan a resolver sus problemas, en que tengan retos, en que se equivoquen”, señala Delgado. Incluso, a veces les obligan un poco, sin que los alumnos se den cuenta, a fracasar. “Les dejamos que hagan una cosa que sabemos que está mal, y cuando llegan al final se dan cuenta de que no lo pueden terminar, y tienen que empezar otra vez y ver dónde se han equivocado”, afirma. Con este proceso, se consigue que estos alumnos sean “personas que, en la vida real, se dediquen a lo que se dediquen, sepan trabajar en situaciones difíciles, con personas diferentes…” De este modo, además, se trabaja la tecnología de una manera transversal incluso con las emociones, para que sepan expresar las emociones en su equipo de una forma correcta y productiva. “Lo que hoy se conoce como las famosas soft skills, añade el director.

Reportaje sobre la asignatura de robótica en el Instituto Camilo José Cela de Pozuelo de Alarcón.
Reportaje sobre la asignatura de robótica en el Instituto Camilo José Cela de Pozuelo de Alarcón. FOTO: Jesús G. Feria La Razon

Ejemplo de ello es el proyecto, puntero en España, en el que se encuentran inmersos: ‘Caminos hacia todos los talentos’. En él, han firmado un acuerdo con la Fundación Gil Gayarre, un centro de educación especial, para propiciar que alumnos de este centro trabajen junto a los del Camilo José Cela. “Utilizamos la robótica para desarrollar aptitudes tecnológicas y salir al mundo laboral cada uno en sus cualidades”, señala Delgado. “Ellos van a preparar desde su nivel una actividad para nosotros y nosotros una actividad para ellos. Luego los alumnos de los dos centros van a crear, de forma conjunta, una actividad para los del curso que viene de ambos centros”, continúa, y afirma que es “un reto bastante emocionante” en el que los alumnos no solo tendrán que trabajar con personas diferentes, sino también aprender a comunicarse. “Aprender a mostrar lo que hacen es una parte tan importante del proceso como cualquier otra”, asegura Clive. De hecho, también suelen presentarse los proyectos en ferias como Madrid es Ciencia o Robocampeones, que para los estudiantes es muy importante. “Por eso, cuando tienen que presentar una práctica deben hacerlo como un proyecto real. Ahí también es verdad que en la competencia lingüística somos bastante exigentes. No se puede presentar una cosa y no saber explicarla”, añade Delgado.

Por otro lado, la transversalidad que aporta esta asignatura se ha transformado en uno de sus puntos fuertes, tanto para los profesores como para los alumnos. “Se ven cosas de matemáticas, por ejemplo, donde estudiamos la ecuación de la recta, que se ve teóricamente pero no lo tocan”, explica Clive. “Aquí pueden verlo, porque les colocamos un sensor y les explicamos que tenemos dos puntos, y entre esos puntos hay una línea y ahí es donde van a tener que pelearse con la ecuación, entender para qué sirve, y, entre ellos, pueden resolver el reto, además de que les ayuda a entender mucho el concepto teórico que, a veces, se queda corto. De esta manera empiezan a comprender realmente los contenidos”, asevera.

¿Dónde se van las chicas?

Los grupos en los que se dividen las clases suelen buscar el equilibrio entre capacidades e, incluso, la diversidad cultural entre los estudiantes de este instituto, que aglutina más de 20 nacionalidades diferentes. También se trata de fomentar, de forma equitativa, el interés por las ciencias tecnológicas entre chicos y chicas. Porque hay una realidad que sigue estando presente: al llegar a la universidad, apenas el 30% de ellas se interesan por las carreras conocidas como STEM (ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas). “Nosotros en clase no notamos la diferencia entre interés o que a chicos o chicas se les dé mejor a unos que a otros. Lo que sí es cierto es que cuando vamos a actos donde se reconoce la excelencia, como el otro día que fuimos a uno en el Ayuntamiento de Pozuelo, el 70% eran chicas”, explica Delgado. Y es que ellas tienen las mejores notas, pero no llegan a las carreras.

“El impasse yo creo que no está en la escuela básica, porque nosotros no diferenciamos. Pero es cierto que hay una parte, no sé dónde está, que hay una gran diferencia a la hora de elegir las carreras tecnológicas”, continúa. Tal vez, dice, es posible que haya una carga de peso hacia lo biosanitario. “Lo que sí es cierto es que nosotros lo trabajamos igual con unos que con otros, y los grupos siempre están muy equilibrados. De hecho, tuvimos una chica que iba a hacer Filología Inglesa y acabó haciendo Ingeniería de los Materiales”, apunta. “Al igual que chicos que dudaban entre una ingeniería y Economía, y al final han dicho ‘si me da la nota, hago las dos cosas’”, recuerda Clive.

Reportaje sobre la asignatura de robótica en el Instituto Camilo José Cela de Pozuelo de Alarcón.
Reportaje sobre la asignatura de robótica en el Instituto Camilo José Cela de Pozuelo de Alarcón. FOTO: Jesús G. Feria La Razon