Miguel del Arco, entre el amor y el odio

El Español estrena «Misántropo». El director de «La función por hacer» vuelve a poner su sello en un texto de repertorio, el clásico de Molière

Alcestes y Celimena. Israel Elejalde y Bárbara Lennie, en esta versión libre del texto de Molière que critica la hipocresía y la relajación moral de la sociedad
Alcestes y Celimena. Israel Elejalde y Bárbara Lennie, en esta versión libre del texto de Molière que critica la hipocresía y la relajación moral de la sociedad

En «El misántropo», uno de los últimos textos que escribió un Molière enfermo y desencantado con lo que veía a su alrededor en la sociedad hipócrita del París de Luis XIV, el Rey Sol, el protagonista, Alcestes, se escandaliza ante las mentiras y lleva su cruzada por la rectitud a extremos ridículos, complicando de paso el amor que siente por Celimena. Alcestes ya era un bicho raro en el propio siglo XVII: «El shock debía de ser tremendo para la clase dirigente que veía la función. Por eso fue un rotundo fracaso», asegura Miguel del Arco. El director vuelve a hacer suyo un texto célebre –antes reescribió «Seis personajes en busca de autor» y «Los veraneantes»– en su nuevo espectáculo, «Misántropo», que estrenó el pasado octubre en Avilés y que ahora llega al Teatro Español. «Molière quiso hacerlo pasar por comedia, pero no lo es. Tiene eso sí, muchos momentos muy divertidos: pero no puede ser una comedia cuando tiene un personaje totalmente trágico, con un gran dolor en su interior». Aunque, cree el director, «debían de escandalizarse mucho más en el XVII que ahora, en estos tiempos laxos en que se puede dialogar y decir la verdad, y los políticos cuando llegan las elecciones, como ahora, juegan a la transparencia y nos dicen que van a contar las cosas. En los salones parisinos en los que se movía la alta sociedad que retrata Molière no existía esa preocupación. Eran la clase dirigente y ya está». Entonces «había mucha más censura, menos libertad de expresión y el enemigo estaba más claro: unos eran los ricos y otros, los pobres». Ahora, prosigue Del Arco, «hemos mezclado todos los conceptos, la gente se espanta de poco, hay una inercia enorme... Es difícil encontrar a personajes como Alcestes. Sobre todo porque alguien que se encarama y dice la verdad tiende a ser rechazado por el grupo». Avisa el director, antes de que nadie se lleve las manos a la cabeza, de que es «una versión libre sobre el original de Molière». En ese sentido, ha hecho un trabajo similiar al que llevó a cabo en «La función por hacer» y en «Veraneantes». «Quien conozca el título original lo va a encontrar, porque está en la estructura y en el espíritu. Pero le he quitado todo el miriñaque y la peluca para hablar de aquí y de ahora. Lo que sí hemos hecho es mantener, no los versos alejandrinos, pero sí una prosa florida: hay un intento de que la palabra no sea coloquial».

La responsabilidad de todos

Para ello, en el proceso de preparación del montaje reunió a todo el equipo, incluidos iluminadores o regidores, y les propuso debatir sobre la obra. «Fue apasionante, porque lo aborda todo: el amor, el arte, la vida, la sociedad y el individuo. Con toda esa información, yo me fui a escribir. Hicimos un taller de investigación sobre el texto para ver cómo fluía, para probar un par de cosas porque en estos tiempos no te puedes permitir fallar en la parte de la producción. Y eso te empequeñece artísticamente. Eso lo hemos contrapesado con más tiempo de ensayos. Me he podido permitir el gran lujo de perderme en los ensayos».Y asegura: «Ha habido muchas risas. Había tranquilidad. Ha sido hasta la fecha el proceso más emocionante que he tenido».

Alcestes va contra la clase dirigente, contra los políticos, pero también contra la sociedad en su conjunto. «En la primera escena, le demanda a un amigo que su amistad sea sincera. Es en ese planteamiento donde yo creo que es posible el cambio más inmediato: en tu círculo más íntimo. Es fácil eso que hacemos los españoles de tirar piedras contra los poderosos, de dar mazazos en el bar con una caña hablando de los buitres y los bancos, y luego estar en tu círculo más íntimo machacando a tus empleados, a tus hijos, tu mujer o tus amigos. En ese sentido, Alcestes es brutalmente completo». También es «muy consciente de la contradicción que le produce su amor por Celimena: no puede evitarlo, y es uno de los grandes sufrimientos. En eso me he apoyado mucho porque me emocionaba esa lucha de héroe romántico que a veces es. Está siempre luchando en su círculo íntimo. Y no se arredra ni en estos ni ante los poderosos».

Del Arco cuenta que encontró la clave de su actualización en las dificultades que habían tenido para mover el suelo de madera de «La función por hacer». «Ésa fue la premisa artística que me puso Aitor –su socio en Kamikaze Producciones, Aitor Tejada– cuando empezamos con ''Misántropo'': la idea básica del montaje es que, en vez de estar en la casa de Celimena, transcurre todo en un callejón infecto. Hay una fiesta en marcha, un encuentro superfino, y la ''crème de la crème'' sale al callejón a fumar y a hacer cosas ilegales».

Los seis actores que le acompañaron en «La función por hacer», Manuela Paso, Cristóbal Suárez, Miriam Montilla, Raúl Prieto, Israel Elejalde y Bárbara Lennie, estarán en este «Misántropo», al que se ha unido también José Luis Martínez. «Comenzamos a acariciar la posibilidad de convertirnos casi en una compañía de repertorio», cuenta el director. Entre medias, de hecho, no acaban de soltar aquella producción: han visitado hace dos semanas el Festival Internacional de Bogotá, han estado en Italia y para septiembre u octubre esperan confirmar otra salida de más duración a América Latina. Cuando sus compromisos obligan a director y compañía a viajar a diferentes ciudades, prosigue, «me encuentro con que tengo muchas ganas de ellos... y ellos de mí. ¡Los he convertido en unos yonkies de las notas de dirección!». Elejalde es quien da vida a Alcestes y Lennie a Celimena, pero el director subraya que esta propuesta es mucho más coral que las anteriores de la compañía.

Con «La función por hacer», un éxito, a la que siguió «Veraneantes», otra soberbia reescritura, esta vez del texto de Gorki, Del Arco hizo de aquel grupo de amigos con carreras independientes casi una compañía estable y compacta. «No paran, la verdad, y más que tendríamos que estar haciendo, porque hemos tenido algún mes muy parado. En enero no tuvimos ni un solo bolo. Todo el mundo en la profesión, cuando ve la gira en la web, nos dice que qué bien. Claro, ves veintitantas funciones, pero si divides entre los meses que han pasado, da una media de cuatro o cinco al mes. Con eso, un actor tiene un sueldo mileurista. Ésa es la realidad. Nosotros, que estamos colocados en un lugar estupendo, que el trabajo levanta mucha expectativa y estamos en la cresta de la ola. Siempre pienso cómo estarán otros». Detrás de esta situación laten varios problemas: el desierto en que se han convertido las contrataciones de los municipios y el IVA cultural, que se mantiene en el 21%. Sobre la posibilidad de que el Gobierno lo rebaje a finales de este año, es escéptico: «No paro de oír bulos y no me creo nada». Contra eso, toca reinventarse, no parar. Del Arco sigue trabajando en su primera película, cuyo rodaje estaba programado para este verano, pero que finalmente se ha pospuesto para el de 2015. Producida por Fernando Bovaira y Gonzalo Salazar Simpson, o sea, Mod Producciones y la Zona, dos de las productoras españolas más importantes, tiene actores «ya entregados a la causa», entre ellos Bárbara Lennie.

El director

DE GIRA CON IBSEN Y SHAKESPEARE

Uno de los montajes mejor recibidos de Miguel del Arco fue el monólogo «La violación de Lucrecia», adaptación a la escena del largo poema de William Shakespeare que se estrenó en 2011 en el Teatro Español. El director convirtió a Nuria Espert (dcha.) en su Lucrecia, un torbellino de fuerza y dramatismo. Ahora regresa a La Abadía, entre el 8 de mayo y el 1 de junio. También tiene de gira «Un enemic del poble», de Ibsen, en la versión libre que ha firmado junto a Juan Mayorga, estrenada en enero en el Lliure, «un teatro al que deberían mirar muchos teatros nacionales, por su forma de funcionar y por el cariño que aplican». El montaje, en castellano, acaba de visitar Bilbao.

- Cuándo: del 23 de abril al 22 de junio. De martes a domingos.

- Dónde: Teatro Español. Madrid.

- Cuánto: de 5 a 22 euros. Tel. 91 360 14 80. www.teatroespanol.es