Neko Case, a corazón abierto

Neko Case pasó bastante tiempo sin reírse de nada, hasta que un amigo se sorprendió: «Ahí me dí cuenta»
Neko Case pasó bastante tiempo sin reírse de nada, hasta que un amigo se sorprendió: «Ahí me dí cuenta»

El nombre de Neko Case puede sonar algo desconocido para el gran público en España, pero su currículo la avala. Miembro de The New Pornographers, la músico canadiense ya lleva ocho álbumes en solitario y la lista de sus admiradores y colaboradores incluye a Dylan, Neil Young, Tom Waits y Nick Lowe. A sus 42 años, algunas penas del alma le han hecho replantearse casi todo para poder terminar su último disco «The Worse Things Get, the Harder I Fight, the Harder I Fight, the More I Love You» («Cuanto peor se ponen las cosas, más fuerte lucho, y cuanto más fuerte lucho, más te quiero»), un álbum que levanta el vuelo de las cenizas de una persistente depresión y que presenta en Barcelona (15 de diciembre) y Madrid (16), de gira con Primavera Sound. Case, nominada a Grammys y aclamada por la crítica (en estas páginas el crítico Xavi Sánchez Pons escribía de su último trabajo, que «transpira desazón y tristeza, pero también belleza y esperanza. Un gran disco»), es conocida por sus canciones narrativas, pobladas de personajes irónicos o cínicos que componen cortometrajes, una firma personal de escritura que ha cambiado para este disco. Hace un par de años, Case perdió a su abuela y a ambos padres, lo que funcionó como el detonador del inicio de una mala época.

Efecto devastador

Con una voz hoy clara y alegre, lo explica: «Sí, ha sido un tiempo de mierda, la verdad, pero no es algo raro, sino por lo que todos los seres humanos tenemos que pasar. Y he tenido que aceptarlo y seguir adelante». Efectivamente, ésa es una historia normal, si no fuera porque la relación de Case con sus padres era inexistente debido a las adicciones de éstos al alcohol y otras drogas y, en cambio, mantenía un estrecho vínculo con su abuela. «No, no estaba en absoluto unida a mis padres, pero en esos casos da igual que no lo estés, porque de todas formas es muy duro vivirlo. Y en el caso de mi abuela, a la que quería tanto, llevaba mucho tiempo enferma y por lo tanto casi fue un alivio después de todo el dolor y sufrimiento que le vi padecer. Aunque la echo muchísimo de menos», explica. Case vivió la pérdida de una de las personas que más quería como un descanso y, en cambio, la de dos casi desconocidos, aunque fueran sus padres, como un mazazo. «Exacto. Me dio mucho tiempo para pensar en asuntos que llevaba años evitando, ocupada en giras, conciertos y proyectos. Como si llevara demasiado tiempo sin enfrentarme a ese problema, que, al encontrarme de golpe, y resultar tan contradictorios, tuvieron un efecto realmente devastador», narra.

Case trató de pensar. «Es lo peor que pude hacer. No fui capaz de sobreponerme hasta que me dije a mí misma: ''Ok. Estás deprimida. Ponte cómoda porque va a durar lo que sea necesario''. Cuando dejé de luchar y me di cuenta de que era natural sentirme mal, empecé a mejorar. Un día, un amigo se sorprendió al verme reír. Ahí empecé a ser consciente de todo». Lo que no menciona Case como terapéutico es la música. «La hacía todos los días, porque era necesario mantener vivas las habilidades. Es mi trabajo. Pero no conectaba con nada haciéndolo. Me di cuenta de que para volver a conectar tenía que cambiar el enfoque y hablar un poco de mí. Y por eso las canciones son más misterioras y menos narrativas, pero el reto era hacerlas como tenían que ser. La música es lo más importante de mi vida, nunca me ha decepcionado ni escuchándola ni tocándola». Las canciones del disco están llenas de misterio, incluso para su autora: «Con la perspectiva del tiempo, tampoco las entiendo ahora. Son impresionistas, basadas en bocetos. Lo curioso es que esas canciones tratan de explicar cómo me sentía y terminan convirtiéndose en una gran pregunta: quién soy y de dónde vengo». Hay una historia real en el álbum. En «Nearly Midnight, Honolulu», Case recita una escena en la que una niña está cantando cerca de su madre, y ésta le contesta furiosa: «Aléjate de mí. ¿Por qué no te callas nunca? Aléjate». «Escuché esa conversación una noche en una estación. Y la sentí muy dentro porque yo he sido esa niña muchas veces. Y no puedes culpar a algunos padres de portarse así, pero desde luego que ningún niño del mundo debería ser tatado así».