La resistencia de Sánchez e Iglesias

Iglesias ha constatado una evidencia que es la fragilidad e inconsistencia de su organización territorial. No ha sido capaz de crear un partido

La opinión de Francisco Marhuenda.
La opinión de Francisco Marhuenda.La Razón

La capacidad de resistencia de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias es infinita. Nada los moverá de La Moncloa. Por ello, no entiendo que insistan en que les quieren derrocar. No es creíble. Es tanto como pensar que la oposición y la opinión pública son un atajo de ignorantes. Los dos controlan con mano férrea sus partidos y no tienen alternativa, han demostrado que son osados y no les importa los malos resultados, porque lo único que cuenta es gobernar. Y, finalmente, tienen suerte. El presidente del Gobierno agotará la legislatura y sabe que no existe una mayoría alternativa. Los votos de Unidas Podemos siempre han estado cautivos, pero el fracaso en las elecciones vascas y gallegas hace que sea poco más que una federación socialista. A esto hay que añadir la felicidad de Iglesias y su politburó con sus cargos ministeriales. Ahora sabemos que la esencia ideológica del cambio era, precisamente, el «quítate tú, que me pongo yo». Las críticas al «sistema» están en función de quiénes lo integran.

Nunca he dudado sobre el aguante infinito de ambos socios unidos por el poder. El resultado del pasado domingo fue muy malo para los partidos de la coalición social comunista, pero bueno para su estabilidad parlamentaria. Iglesias ha constatado una evidencia que es la fragilidad e inconsistencia de su organización territorial. No ha sido capaz de crear un partido. A esto hay que añadir las consecuencias de su ruptura con la mayor parte de los fundadores de Podemos y, especialmente, con Errejón.

Es lo que se pudo comprobar en Madrid tras las elecciones municipales y autonómicas. No han capitalizado su presencia en el gobierno y es muy significativo el fracaso estrepitoso de la ministra de Trabajo. Lo bueno de la nueva política es que nunca hay que asumir responsabilidades. Este populismo es un bálsamo que resuelve cualquier problema o conflicto. No hubiera pasado nada incluso si se hubieran quedado fuera también en el País Vasco. Es lógico porque lo único importante es la supervivencia personal o del grupo de amigos, ya que el partido es un mero instrumento a su servicio y no al de unas ideas, se esté o no de acuerdo, para mejorar la sociedad. Es lo que sucede también en el PSOE. Es cierto que gobernar es duro, pero lo es mucho más estar en la oposición. La nueva política es capacidad de resistencia, ausencia de ideología y obsesión por el poder.