Barbarie franquista

Ahora que la izquierda se apresta a hurgar nuevamente en la memoria, recuerdo que leí hace un tiempo en «El País» lo siguiente: «La mayor barbarie del franquismo. El Centro Andaluz de la Fotografía revisa la masacre de civiles que huyeron de Málaga en 1937. El nuevo Gobierno regional despide al director que programó la muestra». Es decir: el franquismo es bárbaro y el nuevo Gobierno, que ya no era de izquierdas, con su actitud, no parecía diferenciarse de los bárbaros, sino al contrario; como no era de izquierdas, era franquista.

El artículo, como era de esperar, presentaba la Guerra Civil como un conflicto de buenos y malos. Todo lejos de Manuel Chaves Nogales. O de Andrés Trapiello. Y todo cerca de la «memoria histórica» (ahora «democrática»), que no es ni una cosa ni la otra. No es memoria, porque no busca recordar el pasado, ni es historia, porque no aspira a estudiarlo. Es la utilización del pasado para promover agendas políticas en el presente. Aquí lo malo es la llegada de la derecha, y encima resulta que la Consejera de Cultura, Patricia del Pozo, es «militante del PP», cosa terrible, porque la izquierda jamás designa a sus militantes para cargo alguno, como es bien sabido. Para colmo, resulta que a doña Patricia le gustan el flamenco, la caza y los toros. Intolerable, ¿no cree usted? Y parecía que el secretario general de Innovación Cultural, Fernando Francés García, bordeaba la ilegalidad y soñaba con el «neoliberalismo: sacrificarlo todo en el altar de los intereses de la libérrima y soberana empresa». La izquierda, lógicamente, ni se acerca a la ilegalidad y no sacrifica nunca nada.

Pero la clave del artículo era clara para el lector, a saber, han vuelto los franquistas: «La soltura con que el poder político simultanea, ambidiestro, la autoritaria censura de corte tradicional, propia de los regímenes dictatoriales, con su enmascaramiento tras subterfugios tecnoburocráticos de interminables reestructuraciones». Pedirá usted, quizá, algún matiz, alguna consideración al pasado, algún respeto a la historia. Pues, no. Aquí tenemos a la derecha, o sea, al desastre urbanístico y la agricultura intensiva: «En la Nacional 340 entre Málaga y Almería no atruenan las bombas… Con la misma eficacia con que nuestros gestores político-culturales se desviven por ahorrarnos los siempre fastidiosos Guernicas aún pendientes». Por si no quedaba suficientemente claro.