Armas en EE. UU.
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Hablamos mucho de Estados Unidos, pero menos de nuestros prejuicios, y no solo políticos. Por ejemplo, la mayoría de la gente cree que mueren allí cada vez más personas por disparos de armas de fuego.

También lo creen los norteamericanos, pero la violencia relacionada con armas de fuego ha disminuido en el último cuarto de siglo. EE. UU. tiene una tasa de homicidios inferior a la media mundial, y muy inferior a la de su país vecino del sur. México, en efecto, con una severa legislación contra las armas, padece una violencia bastante más elevada.

Escribió David Kopel en el «Wall Street Journal»: «Tras alcanzar un pico a comienzo de los años 1990, el homicidio con arma de fuego ha disminuido a la mitad en el país. Y las víctimas de delitos con armas de fuego han caído en tres cuartas partes. En el mismo periodo, la oferta de armas en EE. UU. aumentó en 80 millones, con lo que ahora hay algo más de un arma por persona».

Se produce un doble fenómeno, porque el derecho a usar armas rige en todo el país, pero al mismo tiempo la legislación se ha vuelto más estricta en el sentido de que es muy difícil que pueda comprar un arma una persona con cualquier antecedente penal, empezando por la violencia de género.

Además, se han agravado las penas para los delincuentes que usan armas, «lo que ha sido una causa importante del aumento de la población carcelaria, y estas sentencias más prolongadas han ayudado a reducir la violencia con armas de todo tipo».

Como ha señalado Steven Pinker, el número de muertos a manos de la policía ha disminuido en las últimas décadas y, lo que puede resultar incluso más asombroso, no es más probable que la policía abata a un sospechoso negro que a uno blanco.

Sin embargo, al revés de lo que se suele decir, la ficción supera a la realidad, sobre todo si brota de prejuicios, y Estados Unidos acumula numerosos de ellos. Por ejemplo, se mantiene el mito de que cualquiera puede comprarse en ese país una metralleta, lo que es totalmente falso, como, por cierto, también es falso que el célebre «salvaje Oeste» haya sido un lugar de extraordinaria violencia (me ocupé del asunto hace unos años en LA RAZÓN: https://bit.ly/38lGzsz).