Una ley infame (I)

El tan reclamado Pacto de Estado por la Educación brilla por su ausencia

La ministra Isabel Celaá
La ministra Isabel CelaáMinisterio Educación

La infame Ley Celaá ha pasado el trámite legislativo en el Congreso por un voto de diferencia, para oprobio de su promotora, pero siempre a la orden del tándem Sánchez-Iglesias; no lo olvidemos. Por tratarse de ley orgánica, requería de 176 votos y obtuvo 177, conseguidos sumando a los 155 del Gobierno socialcomunista, los 13 de ERC como cooperador necesario, a cambio de darle al español el tratamiento educativo de lengua extranjera en Cataluña, como se jactó de afirmar su portavoz parlamentaria durante su tramitación.

Esto bastaría para calificar esa ley de infame, conociendo el uso y abuso que el separatismo está haciendo de la lengua como vehículo de adoctrinamiento en la escuela, la cultura y los medios de comunicación, con el objetivo último de conseguir una «masa crítica» social suficiente para acceder a la independencia.

Pero siendo ello de una gravedad extraordinaria, además de claramente inconstitucional, no es lo único que tiene este proyecto de ley. En cuanto a su procedimiento, carece de dictamen del Consejo de Estado, no vinculante pero sí preceptivo, y más tratándose de una norma que afecta a derechos y libertades fundamentales. Incluso ha sido la primera ley de educación tramitada desde 1985 sin consulta alguna a la comunidad educativa, y sin el más mínimo acuerdo con la oposición. El tan reclamado «Pacto de Estado por la Educación» brilla por su ausencia.

Es esta una materia demasiado importante y sensible como para dejarla en manos de una «dirección del Estado» con Celaá, Iglesias, Rufián y Otegui. Seguiremos…