Cataluña sin rumbo ni capitán

Los disturbios van creciendo y la imagen de una furgoneta de policía termina de dar la puntilla internacional a Cataluña

David ZorrakinoEuropa Press

ERC y Junts quieren la independencia de Cataluña, pero han demostrado con creces que son incapaces de gobernar. No solamente por su negligente gestión al frente de la crisis económica de 2008 o de la pandemia, que ha hecho de Barcelona una ciudad fantasma en la que cientos de negocios llevan cerrados meses, sino que, también, están demostrando que no quieren o no pueden asegurar el orden público.

Los disturbios van creciendo y la imagen de una furgoneta de policía termina de dar la puntilla internacional a Cataluña. Los conflictos podrían estar alimentados por la CUP, a quien lo que le interesa es negociar el govern desde una situación de mayor fortaleza para imponer lo que han denominado sus “condiciones”.

Los dos grandes partidos independentistas han mantenido una posición entre tibia y ambigua, lamentando que el conflicto se añada como un ingrediente indigesto a las conversaciones, pero con un perfil bajo fiándolo todo a que los problemas desaparezcan por sí solos.

Sin embargo, los destrozos en comercios y pequeñas empresas son de tal magnitud que para los que acumulan la ruina desde el cierre por la pandemia, tienen muy difícil la reapertura.

Más allá de la causa de las revueltas, incluso de quién las hostiga, la obligación de los poderes públicos es mantener el orden y la seguridad. La Generalitat no lo ha garantizado en ningún momento y tampoco parece que tenga decisión de hacerlo en los próximos días.

Tampoco es comprensible la posición de Podemos, tanto en Madrid como en Cataluña. Desde las palabras de comprensión y justificación de Echenique hasta la inacción de Ada Colau que hay que interpretar adecuadamente, porque viniendo de alguien como ella, con esa incontinencia natural para ser la protagonista ocurra lo que ocurra, tiene un significado político.

La filial podemista en Cataluña ha aprovechado para intentar colocarse en el gobierno, cosa en la que están bien aleccionados todos los cargos públicos morados. Ha lanzado el guante, tanto a ERC como a PSC, proponiendo un govern bicolor entre republicanos y morados con el apoyo externo del PSC que le debería dar estabilidad parlamentaria.

No tiene visos de prosperar porque Illa no ha dejado de ser ministro para pulsar el botón del Parlament bajo las instrucciones de Podemos, otra cosa es que no se sepa muy bien para qué dejó la cartera de sanidad.

De momento, el mejor parado es Iceta, como siempre que se mueve algo en el PSC, que está encantado posando en los salones de su ministerio y trabajando duramente por el indulto de los independentistas.

Iceta no logró acabar ni CC. Químicas ni CC. Económicas porque su verdadera vocación era el Derecho, claro que ejercer de abogado sin serlo tiene el riesgo de que seas sancionado por intrusismo.

Aunque, bien mirado, intrusismo más grave es formar parte de un gobierno y justificar la violencia en las calles o ser incapaz de sofocarla por no hacer nada para ellos. Entrar en un ejecutivo para defender los indultos es ser caballo de Troya.