¿Iglesias controla la calle?

No hay duda de que viven mucho mejor ahora que forman parte del sistema

Emilio NaranjoEFE

Uno de los argumentos que utilizan los dirigentes socialistas para justificar el pacto con Podemos es que Iglesias controla la calle. Es decir, no sería posible gestionar con normalidad la pandemia y la crisis económica si estuviera en la oposición agitando a sus votantes. El líder comunista se encuentra muy cómodo como ocioso vicepresidente mientras sus huestes arrean garrotazos a los ministros socialistas que le caen mal. Es verdad que no es muy edificante, pero tiene sus altibajos. Cuando le conviene escenifica que Sánchez es su amigo. Lo mismo sucedió con los fundadores de Podemos que fueron sacrificados a mayor gloria del «amado líder». Hay tantas muescas en su revolver que es imposible contarlas. Uno de los errores más comunes fue pensar que no era comunista estalinista, porque era joven y la izquierda mediática le consideraba un idealista. Gran error. Las purgas están en el ADN de Iglesias y sus compañeros de viaje. Por eso, Sánchez debería cuidarse, porque la traición está en la naturaleza de su socio. A pesar de ello, se enfrenta a un rival peligroso ya que nadie le ha ganado un pulso al presidente del gobierno.

No controla la calle como hace unos años, porque su retroceso electoral le sitúa cada vez más cerca del voto que obtenía habitualmente IU y antes el PCE. La «magia» fantasiosa del rebelde surgido de un barrio humilde acompañado de los soñadores del 15-M ha dado paso a su conversión en la casta comunista de toda la vida, aunque algo más jóvenes que sus antecesores. La inmensa mayoría no tuvo que trabajar para pagarse los estudios, porque pertenecen a familias de clase media y alta. La realidad es que todo era propaganda y ambición. No hicieron más que pegar un «pelotazo» político que les ha colocado muy bien a todos. El ascenso social ha sido más que notable, pero, fuera de los cenáculos del poder, crece el desencanto entre sus antiguos seguidores. Por supuesto, los centenares de colocados siguen siendo, por una cuestión estética, radicales de izquierdas y fervorosos comunistas o antisistema. Les interesa seguir en el poder porque se han emparejado, comprado o alquilado casas. No hay duda de que viven mucho mejor ahora que forman parte del sistema. Iglesias no controla la calle, pero tampoco a los socios independentistas y bilduetarras. A pesar de ello, Sánchez es más hábil y resistente por lo que prefiere tener cerca al intrigante vicepresidente de la oposición.