La izquierda y los indultos
El poder es uno de los imanes más poderosos de la Historia y el presidente lo sabe mejor que nadie
foto-autor

No ha tardado demasiado en llegar la ofensiva de la izquierda política y mediática en defensa de los indultos a los independentistas condenados. A pesar del fervor del PP y Vox tengo muy claro de que no supondrán ningún desgaste para Sánchez a medio y largo plazo. Es verdad que a corto le afectarán las encuestas, pero el verano y la campaña de vacunación tendrán un efecto balsámico ante la olvidadiza opinión pública. En cualquier caso, el presidente del gobierno no quiere convencer a los votantes del centro derecha, sino a su «parroquia» y consolidar su posición en Cataluña donde alrededor del setenta por ciento de la población quiere los indultos para pasar página. Hay un estado de profundo agotamiento en mi tierra y muchos consideran, incluidos numerosos constitucionalistas, que servirá para cerrar heridas y quitar argumentos a aquellos que quieren destruir España. Por otra parte, en el resto del país hay un auténtico hastío. Los estudios demuestran que cuando las televisiones introducen temas de política catalana se produce una caída de audiencia.

Estoy convencido de que los indultos solo servirán para dividir a ERC, JxCat y las CUP, algo que siempre es positivo, y que el problema de Sánchez radica en la mesa de diálogo. El escollo de la medida de gracia está siendo como un suflé y por ello la izquierda se ha movido, con su habitual eficacia, para salvar al gobierno. Al apoyo decidido de Zapatero se ha sumado Pepe Bono y las matizaciones de Felipe González. Una vez más, el bien a preservar es la estabilidad y continuidad de los «suyos», aunque no hace tanto tiempo eran críticos implacables de Sánchez y defensores fervorosos de Susana Díaz. Pero ya se sabe que a «rey muerto, rey puesto» y tras la llegada de Sánchez a La Moncloa hemos podido constatar que el neosanchismo se nutre de sus antiguos detractores, tanto en el partido como en los medios de comunicación. El poder es uno de los imanes más poderosos de la Historia y el presidente lo sabe mejor que nadie. Estoy convencido de que irán surgiendo defensores de la mesa de diálogo y el referéndum, incluso, entre los antiguos detractores, porque vivimos, efectivamente, en los tiempos de la política evanescente, líquida y de tweets.