Sálganse del guion
Resulta insultante que un gobierno democrático europeo permanezca en la confortable ubicación del no compromiso
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Le ha venido lo de Cuba un poco grande a la nueva portavoz de Sánchez. De regir Puertollano a exponer criterio de gobierno sobre un asunto de tan delicada consistencia diplomática hay un trecho que no se puede recorrer en dos tardes de lecciones como la economía que le iba a enseñar Jordi Sevilla a Zapatero. NO se salió Rodríguez ni un milímetro del guion. Ni de la sonrisa. Hay que ver cómo sonríe de bien esa mujer. Pero ni así consiguió que quedara claro cuál es la posición del gobierno sobre Cuba y si piensa o no que es una dictadura. Bueno, de parte del gobierno, porque Podemos ya ha dicho que no lo es. Que sí, que tiene que dejar a la gente manifestarse, pero no es una dictadura, según dejó claro ayer la diputada Aina Vidal. Cuando a la nueva portavoz Rodríguez se le preguntó si creía que Cuba era una dictadura, sonrió, atendió a la cámara y contestó que España es una democracia.

Ha tenido mala suerte con los temas a tratar. Porque lo de Cuba no es cuestión menor ni es materia a despachar con un quiebro dialéctico en una rueda de Prensa. La oposición, que vuelve a tomar el asunto como ariete frente a un gobierno que no se termina de definir tampoco aquí, exige mayor contundencia, mayor compromiso democrático. El nuevo ministro de Exteriores José Manuel Albares se encuentra nada más empezar con el veneno de otra crisis de perfiles distintos pero hiriente y peligrosa como la de Marruecos que hundió a su predecesora, y hasta el momento anda con el cuidado de un funambulista sobre el alambre aéreo: «Cuba tiene que permitir a los manifestantes expresarse». Es lo mismo que ha dicho la Unión Europea, lo mismo que sostiene Estados Unidos. NO se sale tampoco del guion.

Y en el caso de Cuba España debería hacerlo.

Decía ayer en Onda Cero, en el Más de Uno de Alsina la joven opositora Carolina Barreiro que el interés de España en la isla no es el de la exigencia del fin de la dictadura o el despliegue de los derechos civiles de los cubanos, sino algo más prosaico, más pegado a intereses de confesión más complicada, como los económicos o los comerciales.

Cuba, como Venezuela, es algo más que un país cercano con problemas de ajuste democrático. Son dos dictaduras que sufren millones de personas con quienes el afecto y la cercanía personal, superan el espacio y se anclan en tiempos de emigración y exilio españoles. La conexión está o debería estar por encima de lo político. El hermanamiento no debería someterse a lo comercial. Como dice Fernando Ónega, Cuba es la sexta provincia gallega después de Argentina. Y yo añadiría que la tercera asturiana después de Méjico.

Si no es de recibo, porque resulta insultante, que haya quien desde cierta izquierda española defienda que Cuba no es una dictadura, no lo es menos que un gobierno democrático europeo, con el vínculo de afecto y hasta deuda democrática que tenemos con Cuba, permanezca en la confortable ubicación del no compromiso. Rezongar aquí resulta casi delictivo. Salirse por una vez del guion, aunque se acaba de llegar, necesariamente higiénico.