También la desinformación en Occidente

Jorge Fernández Díaz

La batalla de la desinformación de la guerra de Ucrania se encuentra en su máximo nivel a ambos lados –ruso y occidental– del lugar físico donde se vive la tragedia humanitaria con toda su crudeza, con la multitud de inocentes que intentan alejarse del peligro.

Esta batalla no es racional sino emocional, con imágenes continuas de mujeres y niños en huida como refugiados, que producen la lógica indignación, solidaridad y compasión en la opinión pública occidental. Pero esas imágenes están censuradas en Rusia, al igual que la UE censura a RT y todas los canales que emiten desde allí. Esa batalla emocional es decisiva para ganar la guerra que se combate en el teatro de operaciones, siendo el pueblo ucraniano la mayor víctima de esos intereses ocultos en conflicto.

Ya comentamos que esta guerra no es entre «buenos y malos» –Ucrania y Rusia, respectivamente– sino entre EEUU y Rusia. Ucrania es sólo el pretexto y la víctima de la guerra por parte de ambos contendientes para defender sus respectivos intereses. En este dramático escenario, es meramente instrumental el papel jugado por la UE y la OTAN al servicio de los intereses occidentales establecidos por EEUU, y no coherentes con los que se supone son los suyos. La OTAN nació para proteger a Occidente –especialmente a Europa– de la amenaza comunista de la URSS, lo que debiera cuestionar su subsistencia una vez desaparecida ésta, como sucedió con su homónimo militar el Pacto de Varsovia. En lugar de ello, y violando promesas efectuadas por EEUU a Rusia cuando ésta desapareció en 1991 –confirmadas por quien entonces las negoció, el embajador estadounidense en Moscú– la OTAN no sólo no se extinguió, sino que se amplió con la incorporación de catorce nuevos estados antes pertenecientes a la misma URSS o a su directa esfera de influencia tras el Telón de Acero.

Las democracias son regímenes de opinión pública, por cuanto son los ciudadanos quienes eligen a sus gobiernos mediante el voto, y éste se define por los sentimientos y la razón en base a la información recibida. Por ello, para los gobiernos democráticos resulta decisiva la libertad de expresión y de información. Sabemos que Rusia no es una «democracia occidental», y esto explica –no justifica– su censura; pero la UE es una Unión de Estados democráticos, por lo que hay que preguntarse en base a qué razones se veta todo acceso a la información procedente de Rusia.

La respuesta es obvia y explica la dimensión económica y política de esta guerra. Es el fin de la economía global, con Rusia señalada como culpable. Los perdedores son los rusos, los ucranianos y todos los europeos.