Por una política energética seria y democrática

A Pedro Sánchez no se le conoce un solo plan para asegurarnos el futuro energético de aquí a 2050

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Crecí en un mundo en el que las pegatinas con el lema «Nuclear, no, gracias» eran moneda de uso corriente. Cosas del estúpido buenismo a caballo de los 70 y los 80 en los que la demagogia ganaba por goleada a la sensatez y a esas políticas de Estado que construyen futuros sólidos. Fue llegar al poder Felipe González y frenarse en seco el programa de fisión de uranio, empezando por esa central de Lemóniz que no siguió adelante por el terrorismo de los ahora socios de Pedro Sánchez, asesinato del ingeniero Ryan incluido. De aquellos polvos vienen estos lodos. Los españoles padecemos una de las facturas más altas de Europa, de hecho, se ha disparado hasta un 700% en un año. En Francia con 57 reactores el precio de la electricidad y el gas creció en febrero un 17% y en España, con ocho veces menos, un 67%. La descomunal crisis energética que está experimentando Europa ha llevado a sus grandes dirigentes a mover el trasero. Johnson tiene previsto construir siete nuevas centrales nucleares hasta 2050 y Macron ha apretado el botón para levantar 14 reactores de nueva generación. Eso es un estadista, alguien que en lugar de pensar en las próximas elecciones gobierna con la mente puesta en las nuevas generaciones. Más allá de la mamarrachada esa de que la factura de la luz de 2021 es similar a la de 2018 «descontando la inflación», a Pedro Sánchez no se le conoce un solo plan para asegurarnos el futuro energético de aquí a 2050. Lo normal en un presidente que vive para los infantiloides golpes de efecto y al que le importan un comino sus administrados.

La invasión de Ucrania por parte de Adolf Putin no ha hecho sino exacerbar un problema que venía de atrás y que ha afectado especialmente a los españoles por culpa de un IVA sobre la factura de la electricidad, el gas y los carburantes del 21%, el mismo que se apoquina al adquirir un Ferrari, un jet privado o un yate de 100 metros. De cada 100 euros que astillamos por la luz, casi 60 van a la caja de Pedro Sánchez y a chiringos como ese Ministerio de Igualdad que no sirve para avanzar en la equiparación de hombre y mujer sino para que los amigos, amigas y amigues de Irena Montera hagan un capitalito. Cierto es que el IVA ha bajado al 10% temporalmente pero no lo es menos que, aun con todo, Hacienda recauda más al ser la base imponible sustancialmente mayor. Los ciudadanos del mundo libre no debemos perdonar jamás lo que hizo Merkel que, con el apagón nuclear germano, facilitó que el asesino de masas Putin se convirtiera en una suerte de jeque posmoderno con un poder parecido al que tenía el rey saudí Fahd a partir de esos 70 en los que gripó la economía mundial. El centro de Europa, los países nórdicos y en cierta medida Francia dependen de la manivela del presidente de Rusia con ese gasoducto Nord Stream que ha permitido enriquecerse corruptamente a buena parte de la clase política alemana. Despreciamos a Trump porque es de derechas y por sus claramente mejorables maneras. Pero en 2018 pronunció en Naciones Unidas una frase ciertamente premonitoria entre las risas de los lerdos de sus destinatarios: «Alemania se volverá completamente dependiente de la energía rusa si no cambia el rumbo ya». Pues eso. Ahora Scholz y compañía rezan todo lo rezable para que el asesino de masas no corte un chorro que dejaría sin electricidad a Alemania en 28 días. Más fracking, más energía nuclear y menos tonterías.