El balance de la Cumbre

«Tras la euforia llega la realidad. Lo siento. Nada me hace percibir que el inquilino del Kremlin esté preocupado»

Francisco Marhuenda

Cuando era joven, hace ya demasiado tiempo, leía libros de espionaje donde los malos eran los chinos y los soviéticos y los ensayos sobre historia o política, todavía en los años de la Guerra Fría, identificaban claramente esos países gobernados por dictaduras como los enemigos de la democracia. Ni siquiera la lamentable historiografía de raíz marxista, desgraciadamente muy en boga en aquella época, se atrevía a alejarse de esa realidad. Ha sido un hilo conductor de las películas y series hasta la actualidad. En las propuestas distópicas o de ciencia ficción salen malparados. Por supuesto, más allá de los tópicos de Fu Manchú, que desconocerán los lectores más jóvenes, es cierto que eran y son los enemigos de la libertad. No puedo negar mi fascinación por la historia y la cultura de ambos países, tristemente liderados por dictadores corruptos y sanguinarios desde el siglo pasado. Son dos grandes potencias que nunca han conocido una democracia auténtica. No lo fue China desde la caída de la dinastía manchú hasta la victoria de Mao y, por supuesto, nunca incluiría los engaños y prácticas autoritarias de Yeltsin o el despotismo de Putin.

Ha pasado el tiempo y los «enemigos» de mi juventud siguen siendo los mismos. Esto muestra que deberíamos hacer algo de autocrítica, además de mantenernos firmes frente a esos regímenes totalitarios. El balance de la Cumbre es muy satisfactorio para España y la organización ha sido impecable. Hemos mostrado que somos un gran país. No voy a ser cicatero y es un acierto de Sánchez. Tras la euforia llega la realidad. Lo siento. Nada me hace percibir que el inquilino del Kremlin esté preocupado. Es bueno que Suecia y Finlandia se incorporen a la Alianza Atlántica, pero nunca ha estado en los planes de Putin invadirlas. Es un criminal, pero no un estúpido. Los europeos y estadounidenses deberíamos abandonar la costumbre de menospreciar a nuestros enemigos. Es evidente que incrementaremos espectacularmente el gasto público y no hay atisbo de salida a la crisis inflacionaria. Europa es dependiente de los combustibles fósiles y Estados Unidos es autosuficiente. Estamos más unidos y Sánchez le ha dicho a Putin que no ganará la guerra, pero me temo, desgraciadamente, que ya la ha ganado.