Muerde Sánchez su medalla

Le ha sido más fácil gestionar un acuerdo internacional global para diseñar un futuro, de lo que le va a ser consumar con sus propios compañeros de cama

Juan Ramón Lucas

Rosa contempla admirada la escena: los líderes europeos posan orgullosos para la Historia con Las Meninas de Velázquez al fondo. Se diría que están embriagados de la atmósfera de serena trascendencia, de permanencia más allá del tiempo y hasta del propio espacio del Museo del Prado, de las obras que allí se cuelgan. Es como si buscasen que ese espíritu les eleve sobre los perfiles limitados del presente: ellos también están escribiendo el futuro, y en el futuro se les contemplará con la misma histórica curiosidad con que hoy miramos esos cuadros eternos. Más o menos.

Posa orgulloso Pedro Sánchez, que a estas alturas debe seguir probando la dulce consistencia del triunfo, como Nadal cuando muerde las medallas. La cumbre ha sido un éxito de organización –precisa, elegante, inteligente– que ha vendido Marca España y solvencia diplomática internacional, como lo ha sido en su resultado, puesto que quedará, como los cuadros del Prado, para la memoria histórica del mundo occidental. La primera gran crisis mundial del siglo XXI ha tenido asiento y respuesta en el Madrid de Pedro Sánchez. Un Madrid sin Ayuso, con Biden y Stoltenberg, en el que la ciudadanía ha dado el callo resignada a la incomodidad del tráfico de los hombres de negro de la OTAN, en sus coches de negro de alta seguridad aparcados en lugares vedados a otros tráficos e insolentes en su ignorancia de cruces semáforos y otros rigores de la rutina madrileña.

Rosa pilló un atasco cerca de la M-40, pero pudo circular por el Madrid extrañamente silencioso de la Castellana muerta, vacía. Por primera vez en mucho tiempo escuchó pájaros desde el puente de Eduardo Dato.

Un poco sí se siente orgullosa de lo que ha hecho el gobierno. Es para estarlo. Por la eficaz organización de un espectáculo que ha visto todo el mundo y también por la habilidad para silenciar el estrépito de los antitodo, a pesar del estímulo que salía desde los propios círculos de poder. Parte del ala izquierda del gobierno, con un secretario de estado como agitador principal y las ministras y ministro –hay dos, pero el de Universidades parece estar escondido en el zulo que cavó su predecesor– como cooperantes tras las cajas, estuvo en la paupérrima gestión de las protestas, con apenas una manifestación a la que fueron el Tato y sus colegas de la cuadrilla rastafari. Bien por la otra parte del gobierno, se dice Rosa.

Claro que esa misma disociación entre OTAN sí y OTAN no en un mismo gobierno, le plantea una dificultad ahora a Sánchez para revalidar su triunfo, del mismo modo que le debería suponer un cambio de paso a la otra parte del bigobierno que preside. Le ha sido más fácil gestionar un acuerdo internacional global para diseñar un futuro, de lo que le va a ser consumar con sus propios compañeros de cama. Es como si su Mariano, piensa Rosa, tuviera menos problemas en meterse en el bolsillo a la junta de vecinos para poner un ascensor porque el tiempo cambia las cosas y nos vamos haciendo mayores, que en convencerla a ella para soltar los mil euros que le vale a cada uno.

Pero si Pedro Sánchez va a tener dificultades en sacar adelante lo de más destructores en Rota y aumentar el gasto militar, al menos tiene un camino que recorrer. Seguro que encuentra la ruta aunque tenga que tirar de ese PP del que ha dicho que responde a poderes oscuros que quieren derrocar a su gobierno. Ya hablarán y ya acordarán. Necesidad obliga y un poco también de sentido de Estado, que algo de eso tienen, faltaría más. Es peor lo de Podemos. O debería serlo si no carecieran de la mas mínima perspectiva. Rosa está convencida de que no hay nadie en Podemos que se pare y mire alrededor para contemplar el paisaje que dejan con su constante inconsistencia. No puedes ser el adalid del antimilitarismo y tragar con enviar armas a Ucrania, no puedes proclamar a los cuatro vientos la revolución contra el capital encarnado en el demonio que habita el Ibex, y pactar con el empresariado criminal condiciones para una crisis, no puedes presentarte ante el mundo como el último reducto del feminismo y cabrear a todo el feminismo que no milita en tu secta, no puedes desgañitarte en tu ofendido pacifismo y aceptar que te aumenten los gastos militares. Porque por mucho que píen, lo están aceptando al seguir en el gobierno. Rosa piensa que estas no son cuestiones de matiz o desacuerdo, sino principios fundamentales ante los que no cabe renuncia. Ese tipo de principios que si te los toca el adversario te llevan a la confrontación, y si te los toca el compañero deberían alejarte de él.

Sánchez tiene un problema de difícil solución, porque es la gestión de un futuro para el que tendrá que tirar de aliados incómodos, pero responsables. Ahora bien, la izquierda, particularmente Podemos, tiene un problema severo de coherencia ideológica, porque ese tipo de debilidad anímica y funcional lo que está haciendo es provocar un desapego cada vez más elevado entre sus propios electores.

Ellos sabrán.

Piensa Rosa que quizá Sánchez tenga más motivos para la satisfacción que el éxito mismo de la cumbre.