Herencias envenenadas

Existe una clara y meridiana sospecha de déficit oculto en el estado

Julián Cabrera

A nadie se le escapa que la generosidad de los sondeos con el Partido Popular –al que se sitúa, tal vez de manera excesivamente optimista al borde una mayoría cercana a la posibilidad del gobierno en solitario– es proporcional a las no pocas incertidumbres a propósito de la herencia que, en materia económica, podría recibir un gobierno del PP presidido por Núñez Feijóo. Algunas poco agradables moscas no dejan de zumbar en el oído de los populares con la actual situación en la mano y no hay más que preguntar a cualquier responsable económico en el equipo del aspirante a la Moncloa, para colegir que existe una clara y meridiana sospecha de déficit oculto en el estado ante la que se considera ausencia de transparencia por parte del gobierno a la hora de tratar los grandes números del país.

Núñez Feijóo sabe que la situación que podría heredar de conquistar el poder en las urnas poco tendría que ver con la heredada hace doce años por Rajoy en lo relativo a las causas de la crisis, aunque las consecuencias políticas una vez que se afronta la labor de gobierno sí pueden ser muy similares, sabedor de que no es lo mismo acceder a la Moncloa en situación de bonanza, con la caja llena y con el grifo del reparto preparado para ser abierto, que llegar con las cuentas más en rojo que nunca y sobre todo con la inevitable responsabilidad de afrontar medidas de ajuste siempre impopulares y consiguientemente reñidas con un buen tono en la demoscopia, entre otras cosas porque, a día de hoy no queda ya ningún ingenuo ni alma cándida en Genova-13 que piense que el actual gobierno vaya por ejemplo a tocar un solo euro del aumento de las pensiones acorde al IPC, más al contrario será la izquierda quien ponga permanentemente al PP frente a disyuntiva preelectoral de definirse a propósito de qué hará con esta cuestión y como conjugará su sentido de estado con lo que afecta directamente a los intereses de casi nueve millones de pensionistas que por encima de todo son votantes y no precisamente de los que se abstienen. Aznar recibió una seguridad social agonizante y Rajoy una prima de riesgo por encima de seiscientos puntos, la diferencia es que el primero arregló la situación sin dejar de hacer política y el segundo la arregló olvidándose de la carga ideológica. De momento, aún queda travesía del desierto, sobre todo para el sufrido ciudadano.