¿Cole o jungla?

Hay que actuar para que nadie pueda humillar a otros sin conciencia y que la víctima sepa cómo afrontar una situación de acoso

Irene Villa

Acaba de empezar el colegio y es necesario recordar la importancia de educar en empatía, solidaridad y valentía para denunciar cualquier tipo de acoso que pueda sufrir un compañero o uno mismo. El problema del bullying es también el problema del silencio que genera el miedo. Un silencio que es cómplice del maltrato y el acoso.

Los suicidios se han multiplicado tras la pandemia. Alejandro, un niño de 10 años, se tiró por la ventana para no tener que ir más al colegio. El relato de su madre pone los pelos de punta: «le decían que era una mierda, que no merecía la pena, que era tonto, que era un enano (era muy bajito), y otras cosas que no me quiso decir. Me lo volvió a pedir por la noche: -mamá por favor no quiero ir al cole, no quiero, no quiero y yo le dije: -pero ¿pasa algo?». Lo siguiente fue subir la persiana y cometer el suicidio que su propia madre no pudo evitar.

La concienciación social frente a esta lacra por suerte crece, pero también lo hace, y alarmantemente, la cifra de acosados. Y con el ciberbullying no hay tregua, los insultos continúan después de clase. ¿Los motivos? defectos físicos, ser diferentes, no ir a la moda o no ser hábil en las relaciones interpersonales.

Hay que actuar para que nadie pueda humillar a otros sin conciencia y que la víctima sepa cómo afrontar una situación de acoso. A veces querer destacar dentro del grupo, o simplemente ser aceptado, les lleva a comportarse de manera mezquina y desdichada. A veces la propia víctima se convierte en verdugo para no volver a un terrible y dañino lugar de inferioridad siendo blanco de burlas y miradas.

En todo caso la responsabilidad es de todos. Educar en la compasión, el respeto y la solidaridad es fundamental para empatizar con los demás. Inculcar la ayuda al prójimo favorece la convivencia pacífica.