Opinión

Guerra de encuestas

Cinco años al frente del Gobierno aderezados con la pandemia, una inflación preocupante, la guerra en Ucrania y los errores esperables de quien toma decisiones son razones suficientes para intuir que la primera figura política del Ejecutivo está desgastada.

En otro caso, no hubiesen sido necesarias dos remodelaciones de gobierno en menos de un año o la renovación casi total de la dirección del PSOE. Tampoco hubiese girado el discurso político hacia posiciones izquierdistas ni se hubiesen revalorizado los sueldos de los funcionarios.

Por otro lado, la derecha ha salido de la depresión. Está siguiendo la estrategia de la unificación en torno al PP bajo un nuevo liderazgo que partía de una buena imagen institucional. Un último elemento, clásico entre los votantes de izquierda es que el electorado progresista no se moviliza solo por razones de cálculo sino que necesitan un impulso desde el corazón. Ahí radica la importancia del liderazgo.

Pero el principal hándicap electoral de Sánchez es su falta de empatía y su principal fracaso, no haber recuperado los votos socialistas que se han centrifugado entre varias opciones, incluida la abstención.

Con este cóctel encima de la mesa, la situación del líder socialista no es buena. Son creíbles los sondeos que marcan desgaste y pérdida de algunos apoyos. Pero José Félix Tezanos nunca decepciona y ha vuelto a pronosticar una clara victoria de Sánchez.

Las guerras no se libran solo con armamento y carros de combate. Las informaciones falsas y las intoxicaciones para minar la moral del adversario, forman parte del arsenal de que disponen los contendientes.

Sánchez entiende la política como una confrontación bélica y, por tanto, está en guerra con sus adversarios. Desde esa perspectiva, crear una sensación en la opinión pública es clave para quebrar al enemigo.

El CIS está cumpliendo su papel en esa guerra. Cuando Tezanos llegó a la dirección, el instituto acumulaba gran prestigio ganado a pulso desde la época de Julián Santamaría. Sin embargo, las dudas sobre su neutralidad son cada vez más elocuentes. Cada estudio electoral que publica, rezuma propaganda cada vez menos refinada, tendente a crear un clima favorable a Sánchez.

Pero una estrategia necesita la suficiente sutileza para que no se vuelva en contra y convencer a la opinión pública con sondeos de un CIS marcado por el partidismo es tarea imposible. Al contrario, puede convertirse en otro elemento de desconfianza ante un Sánchez en caída.