El suicidio de la socialdemocracia alemana

Los ánimos en el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) han pasado de la euforia al pesimismo en apenas un año. 2017 arrancaba con el regreso del hijo pródigo, Martin Schulz, que dejaba al presidencia del Parlamento Europeo para tomar las riendas del partidos y ser el rival de Angela Merkel en las elecciones. La euforia trajo nuevos militantes y las encuestas de intención de voto comenzaron a colocar al SPD por encima de la hasta entonces invencible canciller. Sin embargo, todo resultó ser un espejismo cuando las tres elecciones regionales de primavera se transformaron en tres derrotas contundentes para los socialdemócratas, que sufrieron la humillación de perder incluso en su tradicional feudo de Renania del Norte-Westfalia, “Land” del que es oriundo el mismo Schulz.

Los fracasos regionales eran un aviso de lo que le esperaba al centenario partido en las federales del 24 de septiembre, cuando cosechó su peor resultados desde la II Guerra Mundial, el 20,5% de los votos. Un batacazo tan hondo que empujó a Schulz y a los suyos a anunciar su paso a la oposición para restañar las heridas y renovar su proyecto político. Buscar la razones que explican por qué el SPD ha pasado del 40% al 20% en apenas veinte años.

Todo iba bien hasta que zozobró el intento de formar una coalición Jamaica entre conservadores (CDU/CSU), liberales (FDP) y Los Verdes. De nuevo la cúpula socialdemócrata se negó a renovar la Gran Coalición (GroKo) que ha gobernado Alemania ocho de los últimos doce años. (Entre 2009 y 2013, Merkel pactó con los liberales). Sin embargo, la presión del presidente federal, el socialdemócrata Frank Walter Steinmeier, y de los líderes europeos (Macron ha telefoneado varias veces a Schulz) obligaron al líder socialdemócrata a desdecirse de lo que había prometido antes, durante y después de las elecciones y explorar una coalición con Merkel.

El resultado de esos esfuerzos es un documentos de 28 páginas en el que democristianos, social cristianos bávaros y socialdemócratas hacen concesiones para encontrar un mínimo conún denominador que les permita gobernar juntos Alemania durante los próximo cuatro años. Sin embargo, el documento, que Schulz calificó junto a Merkel en una rueda de prensa el pasado viernes como “excelente”, no parece suficiente para muchos de sus compañeros, que creen que el SPD vuelve a sacrificarse políticamente en beneficio de Merkel, una especie de mantis religiosa que mata a todo aquel con el que ha compartido el poder. El texto ni siquiera habla de ya del escenario de apoyar parlamentariamente un Gobierno en coalición, algo que la canciller siempre ha rechazado.

Las mayores críticas proceden de las Juventudes Socialdemócratas (Jusos) y de su carismático líder, Kevin Kührnert. Este berlinés de 28 años recorre esta semana Alemania para convencer a sus compañeros de que otra GroKo llevará al SPD a la irrelevancia política y coronará a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) como líder de la oposición. Külhnert cree que el partido debe mantener su promesa de pasar a la oposición después de que los alemanes castigaran a la Gran Coalición en las urnas con la pérdida de 14 puntos. En su opinión, el borrado de pacto de Gobierno no incluye los compromisos de campaña de subir los impuestos a los ricos para favorecer la justicia social, el mensaje estrella de Schulz, o reformar la sanidad.

El ex presidente del Parlamento Europeo, de 62 años, Merkel, de 63, y el líder bávaro, Horst Seehofer, de 68, fueron los grandes perdedores de las últimas elecciones y arriesgan lo que les queda de capital político en estas negociaciones de coalición. En el caso de Schulz, la hora de la verdad llegará este domingo en el congreso extraordinario que celebra el SPD en Bonn. Sus 600 delegados deberán ratificar o rechazar el preacuerdo con Merkel en medio del creciente malestar de las bases. Son precisamente los alrededor de 500.000 militantes socialdemócratas los que tendrán la última palabra en la consulta a las que se les someterá el pacto final de coalición. Si hacen tripas corazón y le dan luz verde, Europa respirará tranquila por ver cómo Alemania recupera su estabilidad política con una coalición de Gobierno proeuropea dispuesta a seguir los pasos de Macron. En cambio, si rechaza el abrazo de Merkel, los socialdemócratas serán culpados de la repetición de las elecciones. Haga lo que haga, el SPD pierde. Ése es el drama de la única formación que se opuso a la dictadura de Hitler en 1933.