1085. Toledo y Al-Mudayna

La ardua polémica acerca de la España de las tres culturas se centra, con preferencia exagerada, en torno a dos temas de especial relevancia histórica: el «convivio», que tanto interesa a Dante Alighieri, y los intereses intelectuales, en cuanto a repercusión del conjunto de la cultura europea, que de modo tan directo interesó al mismo autor en su «De Monarchia», en el sentido de deber ser única y universal. Viene esto a reflexión respecto a una búsqueda de significado al choque en España de cristianismo e islam, religiones ambas que aspiran a lograr la conversión de la humanidad entera, con máxima obligación de conseguirlo por la musulmana, acudiendo si fuese necesario a la yihad o guerra santa. La obligación del cristiano no es tan radical y predica que la Evangelización se haga por vías pacíficas. En la práctica, sin embargo, se ha considerado normal presentar «guerra al infiel». En el plano intelectual, el genial filólogo y poeta Dámaso Alonso ha señalado otra lírica más temprana en el mozarabismo, la interacción de cristianos, moros y judíos, en su deslumbrante obra «Primavera temprana de la literatura europea», en la España románica y en la conjunción de las culturas cristiana, árabe y hebrea. Las tres con una raíz común en la Biblia, a pesar de que el judaísmo no tiene pretensión de universalidad, pues es religión de un pueblo con escasa vocación proselitista.

La larga contienda de conquista-reconquista de España se llevó a cabo con una constante interacción de acciones militares y de pactos, acuerdos, mutuas cesiones, siempre dependiendo éstas del carácter, la personalidad y el celo religioso de quien o quienes habían penetrado en línea efectiva de pactos y acuerdos. En el siglo XI se produce en el espacio hispano-musulmán una etapa de mayor convivencia –con excepciones, como el estallido antijudío de Granada en el año 1066–, aumentando el asentamiento del campesinado en aldeas y villas. Una gran transformación cultural, y Castilla adquiere la suprema condición de Reino a partir de la unidad política de Navarra hecha por Sancho el Mayor, que, en virtud de la teoría patrimonialista, entrega el Condado de Castilla a su segundo hijo, Fernando, ascendiendo éste a «maiestas regia» (1037-1065). La herencia de los sucesores de Fernando I originó mayores problemas, pero dio paso a la hegemonía castellano-leonesa, que tuvo con Alfonso VI «El Bravo» (1065-1109) su máxima altura.

En el año 1085 tienen lugar dos acontecimientos que parece de interés poner en relación por razones de convivencia y de representación intelectual, con gran repercusión en la historia de España: la conquista de Toledo por Alfonso VI y la aparición en Magerit (Madrid) de la Virgen de la Almudena, con un sentido espiritual, de evidencia religiosa, a la cual queremos referirnos. Las circunstancias en que se produjo la conquista de Toledo, capital de las Tres Culturas, historiográficamente son confusas. Ramón Menéndez Pidal es quien mejor lo estudia en «Adefonsus, Imperator Toletanus, magnificus triumphator» (Madrid, 1934). Alfonso inició en 1079 la campaña contra el Reino de Toledo, aprovechando que un «partido» interno conspiraba contra el rey Alcadir con la esperanza de recibir ayuda de los almorávides. Alcadir huye a Cuenca y aquí se inicia su pacto con Alfonso VI, en el que el primero le entregaría Toledo, a cambio de que Alfonso le entregase Valencia. En abril de 1081 el rey de Badajoz, Motawakkil, ante el acoso de Alfonso VI, huyó y éste entró en Toledo y repuso a Alcadir. Nadie quedó contento, el partido intransigente tenía amilanada a la población de Toledo; Alfonso VI entró en guerra devastadora por territorio toledano, manteniéndola durante cuatro años consecutivos, hasta establecer su campamento en los Jardines de Almamun, la «Huerta del Rey», en la orilla del Tajo. El 6 de mayo de 1085 se entregaba Toledo y Alfonso VI hacía su entrada solemne el día 25.

En el avance contra Toledo, Alfonso VI ocupó Madrid, castillo moro, que pasará de ser cristiana a árabe en varias ocasiones y residencia habitual de los Reyes de Castilla Juan II y Enrique II. En uno de esos momentos que el castillo pasó a manos de moros, los cristianos ocultaron en la muralla de la ciudad la Virgen que veneraban. Nadie recuerda dónde estaba oculta, pero en 1085 la muralla se hunde y la Virgen aparece milagrosamente. Hoy es la Patrona de la Archidiócesis de Madrid, capital y corte de España desde 1561, cuando Felipe II decidió trasladar la capital de la monarquía universal, el Reino de las Cuatro Partes del Mundo, vecina de la que había sido capital del reino visigótico de Toledo. Parece obligado pensar en el inicio del proceso de unidad, don más preciado de la monarquía, en estos actos más efectivos que simbólicos del año 1085, en el centro de España.