¡A cumplir la norma!

Bien, ya tenemos la nueva Norma del Ibérico. Ahora sólo falta que, cuando entre en vigor, se cumpla, algo que a tenor de lo que ha sucedido en el pasado se presenta bastante complicado y difícil. Los ganaderos deben cumplir con su parte; los mataderos y la industria cárnica, otro tanto; los que se dedican a vender, ya sea directa o indirectamente, hasta terminar en la gran distribución o en el pequeño comercio, tres cuartos de lo mismo; las entidades certificadoras que vayan a participar en el proceso más de lo mismo y las administraciones competentes deben cumplir su papel. Por último, los consumidores también tenemos algo que hacer: informarnos y conocer un poco más de los productos que vamos a comprar. Aunque parezca lo contrario, entre los consumidores reina el desconocimiento y la confusión en relación con los productos derivados del cerdo ibérico. No sé qué es peor, si el desconocimiento y la ignorancia, o la confusión. Cuando hay ignorancia sobre un determinado asunto se puede partir de cero a la hora de enseñar, pero cuando hay confusión se parte de menos diez o menos veinte. Los consumidores somos ahora mismo terreno abonado para que nos den gato por liebre. Un ejemplo: es imposible que todos los jamones que nos venden como de bellota lo sean; simplemente porque no hay ni dehesa ni bellota para alimentar a tanto cerdo. Es necesario aprender de los errores del pasado y el más importante de todos ha sido no ejercer los controles que estaban previstos y practicar las inspecciones necesarias. Ya tienen tarea las certificadoras y las distintas administraciones. Los consumidores también.