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Al PSOE de Sánchez no le sientan bien las urnas

La Razón
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Todos los sondeos coinciden: a los socialistas no les convienen unas terceras elecciones. En realidad, al PSOE de Pedro Sánchez le sientan mal las urnas. Basta ver su trayectoria en declive manifiesto. Si no fallan las encuestas, sigue en caída libre. El desánimo afecta a los votantes menos entusiastas y más cansados del bloqueo político. No pocos antiguos votantes tienen la tentación de quedarse ese día en casa. Esta deserción afecta también, por lo visto, a Ciudadanos. Sobre todo, a los que no comprenden las equidistancias de Albert Rivera entre socialistas y populares ni sus meritorios juegos malabares de concordia. Por el contrario, mejora posiciones el Partido Popular de Mariano Rajoy, que disfruta de la confianza, pase lo que pase, del más amplio sector de su clientela habitual. Es decir, posee la mayor cantidad de votos seguros. El despiadado rechazo de Sánchez, amparado en el Comité Federal del partido, su agresividad hacia la derecha democrática y sus desaires han servido para afianzar la posición de los votantes habituales de esa derecha. Y, así las cosas, el PP de Rajoy amenaza con doblar en escaños en unas hipotéticas elecciones en diciembre a las dos fuerzas siguientes: socialistas y podemitas. Estos últimos, si las encuestas no engañan, vuelven a tener al alcance de sus garras al partido centenario para darle por fin el zarpazo. Y malo es que la zorra, como dicen en el pueblo, ande a marros.

Si no había argumentos suficientes para que Sánchez moderara su negativa a una salida razonable y permitiera la formación de gobierno cuando se conozcan los resultados de Galicia y el País Vasco, la sombría coincidencia de los sondeos de estos días aventurando que de unas terceras elecciones el PSOE saldría malparado, está provocando fuertes movimientos de fondo a favor de una reconsideración de la negativa a dejar gobernar de una vez a la fuerza más votada. De esta manera, los socialistas se constituirían en el eje de la oposición a un Gobierno no muy fuerte, reafirmando su papel en el tablero político, evitando los zarpazos y condicionando seriamente la actuación de ese Gobierno en minoría. Ésas son las razones que aducen. En estos ambientes internos se considera que es la única posibilidad de reconstruir el partido desde la oposición responsable, con una adaptación del programa y con un previsible cambio de liderazgo. Hay un inconveniente. La renovación de la dirección socialista que se maneja es el principal obstáculo para que el equipo de Pedro Sánchez ceda a las presiones internas y no se meta en la boca del lobo.