Aquí se roba en castellano

Artur Mas comenzó ayer su alocución de Fin de Año haciendo trampa, refiriéndose a la contienda de 1714 como la guerra en la que Cataluña perdió sus derechos y sus libertades. Obvió que en la Guerra de Sucesión las élites catalanas apostaron por una monarquía absolutista y déspota. No es que los Borbones fueran una joya, pero los Austrias fueron pasto de sus propios abusos. Es más, esas élites apoyaron un siglo más tarde a lo más rancio de la monarquía borbónica contra las ansias liberales que corrían por las venas de una buena parte de los catalanes.

Luego, jugó al equívoco equiparando voto con democracia. Antes equiparaba partido –su partido– con Cataluña. Lo realmente democrático es tener los arrestos para cambiar las leyes, como hizo Clara Campoamor forzando la mayoría en el Congreso para que las mujeres pudieran votar.

Mas sostuvo, a continuación, que el pueblo catalán se ha ganado el derecho a decidir por su actitud integradora. Olvidó que esos «integracionistas» pintaban en las calles «Aquí se roba en castellano» porque una buena parte del pueblo catalán rechazaba a los «nouvinguts». Los charnegos, en su jerga, eran invitados zafiamente a volverse a su pueblo. Sin embargo, los «nouvinguts» hicieron oídos sordos y fueron los abanderados de la integración. Apostaron por la inmersión lingüística para no fraguar dos sociedades que se dieran la espalda, para que la identidad fuera de todos.

Nunca Cataluña tuvo más ni mejor autogobierno que ahora. Se puede mejorar, pero Mas tiene sólo una receta: la independencia. Por cierto, del caso Palau y de las ITV ni palabra. No comentó si en esa Cataluña idílica que nos presenta, los saqueadores y depredadores camparán a sus anchas.