Autopistas al cielo

El PSOE nos bajó la velocidad a 110 km/hora alegando que conduciríamos mejor. ¿La prueba? Nuestro país vecino. He conducido por casi todo el país, y esa «France» y sus buenos conductores de los que hablaba Rubalcaba me son ajenos. O sea, nos contó milongas una vez más. La avelocidad no es la variable que determina que conduzcamos mejor o peor, sino el trazado y estado de la carretera, así como el estado del vehículo y sobre todo, la sensatez, madurez y prudencia del conductor. Un buen conductor puede tener un accidente por culpa del mal estado del pavimento (los socavones pueden catapultar a una moto). Un mal conductor puede pegársela en la mejor de las carreteras. Las multas sólo sirven para enfadar a muchos, y asustar a unos pocos. Y no harían falta si quien se pone al volante valorase su vida, y la de los demás. No se deja de beber por temor a la multa. Si les importase su vida y la de los demás, no cogerían el coche envueltos en los vapores del alcohol. Menos discutir si la velocidad debe ser 120 o 130 km/hora. Más centrarse los gobiernos –sean del PP, PSOE...–, en dotar a este país de una buena red vial de carreteras. En Francia, la autovía no sustituye a la carretera general, como sucede aquí. En Alemania, las autopistas son fabulosas, por eso pueden ir a 200 km/hora en condiciones climatológicas normales. ¿Para qué queremos coches potentes si tenemos carreteras infames? No hacen falta amenazas de multas, el solo estado de algunas carreteras desanima al mejor de los coches. Si la recaudación procedente de las multas sirviese para mejorar la red vial, el «multazo» podría estar justificado. Por cierto, no se suele pensar en los motoristas. Muchos han muerto o han quedado mal no a causa de la caída o accidente, sino de factores tales como los «quitamiedos» que, más que proteger, lesionan. Que, a veces, la carretera se «convierta» en autopista directa al cielo, no lo impide ni la peor de las multas.