Charlota y «Puttanesca»

Un estupendo reportaje firmado en este periódico por N. Molanes, nos revela los secretos culinarios de los presidentes de Gobierno en su obligado domicilio del Palacio de La Moncloa. Entiendo, en algunos de ellos, sus deseos de dejar de ser presidentes para retomar el hábito de comer con normalidad. Y también comprendo la resistencia de relevantes autoridades extranjeras a volver a España en viaje oficial después de soportar la agresión de la «nueva cocina» monclovita. Así, la desdichada Reina de Inglaterra, Isabel II, almorzó en La Moncloa invitada por el entonces Presidente del Gobierno Felipe González, que encargó el menú a Juan Mari Arzak. De primer plato, «talos de "txangurro"con sal», que es una de las fórmulas más eficaces para cargarse un «txangurro», o lo mismo, un centollo. De segundo plato, «merluza de Fuenterrabía con almejas en salsa verde», delicia tradicional llamada desde siglos atrás «merluza en salsa verde». Ignoraba que la merluza de Fuenterrabía fuera especialmente atractiva. He tenido la fortuna de comer merluza en Fuenterrabía, San Sebastián, Bilbao, Santander, Comillas, Llanes, Gijón, La Coruña y Pontevedra, y estaban todas riquísimas siempre que se sirvieran frescas y de anzuelo. Pero lo que estuvo a punto de romper las buenas relaciones entre España y el Reino Unido fue la «charlota de paloma torcaz y berenjenas». La paloma torcaz es ave de desagradable aspecto, pechuga oscura, muslos de atleta y sabor muy fuerte. Las berenjenas, ingeridas sin recato, abren el paso de las colitis y las correntías. La Reina lo tuvo que pasar fatal. Adolfo Suárez fue el más frugal y austero en sus gustos gastronómicos. Le encantaban los garbanzos y las tortillas francesas. Leopoldo Calvo-Sotelo tenía un buen saque, pero siempre comió mejor y tocó con más soltura el piano en su casa que en el feo y destartalado Palacio de La Moncloa. Aznar era de salmonetes y de helados de marca, y así terminó, que parecía un folio de canto. La familia Zapatero gustaba mucho de los «Espaguetis a la Puttanesca», que ya me dirán ustedes en qué consisten. Su esposa prohibió, para mantener en forma a sus hijas, las natas, los dulces y los fritos, y así estaba el pobre Zapatero, que veía un trozo de chorizo frito en cualquier recepción y saltaba por encima de los invitados para que no se lo comiera el «croquétez» de turno. Y Rajoy es partidario de las comidas sencillas y tradicionales. No obstante, casi todos ellos, han comido mejor en casa que en La Moncloa.

Adolfo Suárez tuvo el detalle de entregarme un premio. Nos sentamos juntos durante la comida. El primer plato consistía en «colitas de cigalitas sobre lecho de zanahoria y chichi de golondrina pequinesa», más o menos. Pedí que me calentaran una lata de fabada. –Me sumo a la idea–, dijo Adolfo entusiasmado. No tenían latas de fabada. –Pues una tortilla francesa con jamón–; –insisto en sumarme–, ratificó don Adolfo. Nos reímos mucho disfrutando de nuestras tortillas mientras el resto de los presentes hurgaban en el lecho de zanahoria y chichi de golondrina pequinesa. Pasamos del segundo plato, «riñones de cordero lechal del Burgo de Osma –como la merluza de Fuenterrabía–, con palmera de guisantes al vino oloroso». Lo mejor fue el postre. «Surtido de chocolates Madame Sans-Soucy». Se trataba de unos bombones muy atractivos y en muy buen estado en cuya base se leía «Lindt». Es decir, que Madame Sans-Soucy nada tenía que ver con aquel surtido y menos aún, con el negocio. Inolvidable almuerzo.

A tiempo estamos de arreglar el desaguisado de la «charlota de paloma torcaz con berenjenas». Carta de disculpa a la Reina. Y quedamos a la espera de conocer la receta de los «espaguetis a la Puttanesca» que comían los Zapatero. Mera curiosidad.