Corte de mangas

La Razón
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Asistimos atónitos a la rebelión de las masas contra las elites. El resultado de las elecciones norteamericanas ha sido, como ha dicho Beppe Grillo, el populista italiano del Movimiento 5 Estrellas y no menos bufón que Trump, un corte de mangas a los poderes establecidos. Han fallado las encuestas, lo mismo que en el «Brexit» y en el referéndum de Colombia, y han fallado estrepitosamente los medios de comunicación, cuya influencia en el rumbo de la sociedad ha quedado en entredicho. Lo que ha ocurrido en Estados Unidos tiende a ser un fenómeno universal. Prácticamente todos los medios norteamericanos hasta hace poco influyentes habían apostado por Hillary Clinton, igual que las casas de sondeos, y han fracasado. Lo mismo ha pasado con el papel de los intelectuales y los famosos ídolos del deporte, el cine o la música. La gente no les ha hecho caso. Ni siquiera el poder del dinero ha sido capaz de frenar al peculiar candidato republicano, que, para más desconcierto, ni siquiera contaba con el apoyo entusiasta del aparato de su partido. El espectáculo ha triunfado sobre la razón.

A los comunicadores lo que ha ocurrido debería aconsejarnos una cura de humildad y un poco más de tiento y responsabilidad. La tentación de dar carrete a los populistas, porque con sus improperios contra lo establecido levantan la audiencia o la tirada, lo que hace es favorecer sus planes y eso conduce a situaciones irreversibles, como en este caso. Cuando se reacciona contra el demagogo de turno es tarde. Y ya se ha visto, por lo demás, que los populismos, de izquierda o derecha, se tocan. Basta ver las reacciones en Europa. El método de unos y de otros es el mismo: aprovechar el malestar de las vapuleadas clases medias y de los jóvenes sin horizonte, incitándolos a la rebelión contra los poderes establecidos con la promesa del cambio de sistema. Lo que pretenden, en realidad, unos y otros, es hacerse con el poder. Populistas de derechas y de izquierdas se diferencian luego en sus planes de gobierno. Eso es todo. Lo que ha ocurrido en Estados Unidos, un verdadero «tsunami» contra los contrafuertes de la democracia, deja patente, sobre todo, que el mundo ha perdido las referencias intelectuales y morales. Es más que un corte de mangas. Amenaza la convivencia con riesgo de desquiciamiento.