Cuando salí de Cuba

Willy Toledo no quiere que España tenga un Gobierno que recorta las libertades, y lo dice en Madrid después de que las llamada marcha por la dignidad terminara con lanzamiento de piedras, botellas, y la violencia que caracteriza a quienes acompañan este tipo de marchas y manifestaciones desde que el PP volvió al Gobierno de la Nación con el penoso deber, una vez más, de intentar poner orden en el destrozo que los socialistas dejan siempre en las cuentas públicas. Ya ocurrió en el año 96, y se ha repetido en el 2011 sólo que peor, porque en esta ocasión no se trataba de un destrozo sino de una auténtica devastación que necesitará de mucho tiempo para reparar sus efectos. Los indignados que tienen razones para estarlo pierden gran parte de ellas permitiendo que les manipulen los alborotadores profesionales que ejercen de terroristas callejeros y que al final consiguen que sus reivindicaciones queden diluidas por las imágenes de los bárbaros de los pasamontañas destrozando todo lo que encuentran a su paso con una agresividad propia de dementes si no fuera porque sabemos hace mucho tiempo que las técnicas de guerrilla urbana se dirigen, como los guiñoles, con manos ocultas en despachos. Los despachos que sólo funcionan cuando gobiernan los populares y que se desactivan espontáneamente en el momento en que la izquierda recupera la moqueta. A eso espera ese actorazo de carácter que abandona su exilio voluntario en el Caribe para jugarse la femoral contra este régimen putrefacto que representa la derecha española arengando a los indignados mientras se le hace la hora de coger un vuelo de vuelta a La Habana. Allí sí que se respira libertad desde que los hermanos Castro bajaron de Sierra Maestra hace más de medio siglo y se quedaron con la llave, también maestra, con la que dieron cerrojazo a cualquier atisbo de democracia. Allí Toledo no ha visto indignados porque, sabe qué pasa don Willy, que están en las cárceles o trapicheando por las calles para poder comer que es, y no siempre, para lo único que el castrismo les deja abrir la boca.