Desprecio sin límites

La Razón
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Eso sí, aliñado con una reducción de vinagre de Módena, perfumada con Oporto y aceite de aleta de tiburón, ya que, de aliñarla de forma tradicional, podría resultar vulgar. Esto es lo que prefiero: desprecio a odio, pero efectivamente, sin límites es el que ya siento por los móviles. Sería más correcto decir por el uso tan brutal que cada vez más gente hace de los mismos. El jueves pasado compré el último libro –es muy conveniente y sano comprar libros– de mi admirado Juan Eslava Galán. «La revolución rusa contada para escépticos» se llama. A modo de prólogo cuenta una anécdota de la condesa de la Mejorada, madre de José Luis de Vilallonga, escritor y vividor, según Eslava Galán. La citada aristócrata observó, al tiempo que tomaba el te con unos amigos en su palacete, con toda la ceremonia que en los años 20 estas reuniones presididas por la citada infusión requería : «Siento un infinito desprecio por los pobres». Algunos de los invitados se quedaron de piedra, ante la reflexión de la condesa. Ella explicó : «Sí, porque ¿cuántos son ellos? Millones. Y los ricos ¿cuántos somos? Muy pocos. Pero aquí estamos desde hace siglos sin que a nadie se le ocurra hacernos nada». Como introducción a un libro sobre la revolución rusa, no la mejora ni Marx, ni el mismísimo Lenin , que sí parece que conocía el pensamiento de la aristócrata, por la diligencia que se tomó en empezar a realizar verdaderas atrocidades. Bien, pero vamos a los móviles. Al leer esto se encendió mi ya marchita mente. Es parecida situación pero al revés: unos pocos estamos en manos de millones que han entregado su cuerpo, incluso su alma, a los móviles o smartphone, como se llaman ahora. Con una muestra vivida el domingo en el Teatro de la Maestranza entenderán lo que quiero decir. Se apagan las luces de la sala, la voz en off comunica: «Faltan dos minutos para que empiece el concierto, rogamos apaguen los móviles. Queda totalmente prohibido el uso de los mismos para realizar fotos». Al segundo, en gran parte de la platea, apareció como un fogonazo. Todos a la foto. Esto ocurre en cualquier parte y a todas horas. Eso es lo que sustenta mi desprecio.