El despatarre

La Razón
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En Andalucía, retirarse a la habitación para dormir es «recogerse». –Estoy muy cansada y me voy a recoger-. Mi amigo de la infancia y compañero en la Mili José Luis Vargas Lezama-Leguizamón, de padre cordobés y madre de Guecho, más vasco de costumbres y ánimo que andaluz, se encaprichó durante su Servicio Militar de una jerezana esplendorosa. Un sábado con el pase de pernocta en la mano intentó hablar con ella para convidarla a cenar. - ¿La señorita Rocío, por favor?-; - Llame usted más tarde, porque ahora está recogida-; Rellamó pasadas dos horas. -¿La señorita Rocío, por favor?-; -¿Usted es el de antes, no? Pues tendrá que llamar más tarde porque sigue recogida-. Al tercer intento, le salió el orgullo de Neguri. –Dígale de mi parte, José Luis Vargas Lezama-Leguizamón, que estoy en el Hotel Jerez y que le agradecería, cuando se despatarre, que se pusiera en contacto conmigo-. No hubo cena.

A Fernando Villalón, jinete y ganadero de Morón, el poeta de las marismas, romántico y quiromántico, marqués de Miraflores de los Ángeles, irrumpía sobre el caballo en el «hall» de su casa cuando se retrasaba a la hora de comer. Sus padres no se inmutaban. Vivía entre sus mayorales, sus caballos y sus toros, que los deseaba de ojos verdes. Y admiraba a la mujer amazona, la que montaba como los hombres y al descabalgar, andaba como si estuviera «espatarrá». «Lo que más me gusta de una mujer es que se quite las bragas ‘‘a patás’’». Fue un poeta excepcional, tardío, campero, y al final de su vida, arruinado.

El despatarre no es siempre una acción física en pos de la comodidad. Hay muchos hombres y mujeres que nacen y mueren despatarrados. Silvye Vartan, la francesita de origen búlgaro que nos enamoró a todos los de mi generación y a todos nos puso los cuernos casándose con Johnny Holliday, se despatarraba en el escenario durante sus conciertos y nos ponía literalmente locos. El jinete y el marino se mueven despatarrados recién descabalgados y desembarcados después de una larga travesía. Un gran defensa de la Selección de Brasil, algo despatarrado, declaró que don Alfredo Di Stéfano no le haría jamás un caño. En el primer partido en el que se enfrentaron como adversarios, Di Stéfano le hizo un caño, después un segundo caño y finalmente, un tercero. Culminado el tercer caño le dijo en perfecto lunfardo: «Ponéte una sotana, hijo puta». Y lo comentaba divertido años más tarde. «Entre pierna y pierna le cabía un colectivo».

La CUP sólo piensa en el bienestar futuro de la Cataluña independiente. La CUP siempre propone cosas interesantes y constructivas. Por ejemplo, derribar de inmediato por considerarlo «inatmisipla» el monumento a Cristóbal Colón en Barcelona. No se contentan con pequeñeces. Ellos van a la chicha, a lo que realmente importa a los catalanes. De ahí, que dos de sus mujeres más penetrantes y decididas, hayan propuesto una campaña contra el despatarre de los hombres en el transporte público. Ellas, doña Anna Gabriel y doña Mireia Boya, lo han explicado con sencillez y contundencia: «Se trata de una propuesta para alcanzar la igualdad de género. Los hombres invaden el espacio vital de las otras personas, habitualmente mujeres, en una muestra de machismo y micro-agresión». El «Prusés» avanza. Lo de la micro-agresión me hiere y me ayuda a meditar. ¿A cuántas mujeres, involuntariamente, habré micro-agredido con mis despatarres en los transportes públicos durante toda mi vida? Espero que si alguna se ha sentido micro-agredida por mis despatarramientos me conceda el perdón que desde aquí le solicito. No lo volveré a hacer. Piernas juntitas y rodillas adheridas de ahora en adelante.

No obstante y para que el «Prusés» sea completo, recomiendo a Anna Gabriel que repare también en la micro-agresión que supone la falta de higiene en los predios axilares, llamados sobacos en el lenguaje vulgar, y alerones en la jerga aeronáutica. Esos tufillos sí que invaden el espacio vital de las otras personas.

En fin, propuestas interesantes que habrá que estudiar detenidamente en pos del bien de Cataluña.