El fin de la omertà

El mundo empresarial está movido. Quiere expresar su cabreo por la situación económica y también por la política. El día de los enamorados es el día elegido para la puesta de largo de su malestar. Lo van a llevar a cabo contra tirios, troyanos y un gobierno que lo ha intentado dinamitar. Es un acto poco habitual y, por eso mismo, no ha sido del agrado del pensamiento único. No será un acto unitario. Algunos se han descolgado para contentar al gobierno. Otros, para no meterse en jardines, se han excusado alegando que se ha politizado. El afán de protagonismo de otros ha hecho el resto. Sin embargo, los dimes y diretes no quitan importancia a un acto empresarial inédito que anuncia una importante asistencia de empresarios.

Ernest Lluch decía que «el dinero no entiende de ruidos» y, ahora, lo único que sobra es ruido. El cóctel es explosivo. A la crisis institucional, de valores y a la crisis económica se suma una crisis política en forma de deriva soberanista que abre interrogantes, arroja incertidumbres y amenaza con dejar al pairo –fuera de la UE– a la economía catalana.

Con estos ingredientes, no extraña que el malestar evidente vaya en aumento. Después de las elecciones autonómicas, la «omertà» ha finalizado. El primero en poner negro sobre blanco fue Joaquím Gay de Montellà. No se anduvo por las ramas el presidente de Fomento del Trabajo, principal impulsor del acto del día 14. Exigió priorizar la salida de la crisis al mismo tiempo pidió cordura, diálogo y sensatez a la clase política. Fue el primer desmarque ante el soberanismo. Juan Rosell lo definía de una forma clara la pasada semana, «lo que es imposible es imposible».

No han sido los únicos. Josep Oliu –Banco Sabadell– e Isidro Fainé –La Caixa– se sumaron a esta idea. El presidente del Círculo de Economía, Josep Piqué, también puso su granito de arena. Hasta Miquel Valls, gran nadador entre dos aguas, y presidente de la Cámara de Barcelona, ha hecho suya la misma idea. Lo hizo ante el president Mas, que rápidamente contestó. Tiró balones fuera exigiendo que dijeran lo mismo en Madrid.

Gay de Montellà ha cogido la bandera del empresariado catalán para evitar ese «choque de trenes» que algunos teorizan con entusiasmo. Sabe que no lleva a ninguna parte. Fomento del Trabajo ha decidido dar la cara contra viento y marea exhibiendo su independencia. Todavía no está bajo el yugo del pensamiento único.