El jamón y el tocino

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La cuarta campaña electoral de un año que según el horóscopo chino corresponde al de la cabra acaba de entrar de lleno en la habitual carrera frenética por la subasta de propuestas ilusionantes, que es también la de las puñaladas traperas. Son días en los que los líderes de los partidos cuelgan de sus programas las zanahorias más gordas y apetitosas con la esperanza de que, persiguiéndolas, lleguemos hasta las urnas convencidos de que son ésas y no otras las que nos convienen. A partir de ahora se hablará menos del Senado y más de pensiones, de impuestos y de otras cuestiones domésticas, que son las que entendemos todos sin tener que buscar un intérprete. La semana del ofertón electoral la acaba de inaugurar Rajoy anunciando una exención importante del IRPF para quienes trabajen más allá de la edad de jubilación, parados de larga duración que monten su propio negocio y neófitos laborales que firmen su primer contrato. La medida no es moco de pavo porque no hay familia en la que no se dé alguna de estas situaciones cuando no las tres. Punto, por lo tanto, para el PP con el que eclipsa la última de Ciudadanos sobre violencia machista, a la espera de que PSOE y Podemos saquen los últimos conejos de sus chisteras. La cara B de la moneda está en las puñaladas traperas que son las otras habituales de todo final de campaña y que ya están apareciendo en forma de tuits descontextualizados, informaciones que han estado guardadas celosamente a la espera de ser desempolvadas en el momento oportuno y operaciones ficticias con nombres ingeniosos. Desde hoy y hasta el 20-D nos desayunaremos cada día con una promesa nueva y con un nuevo escándalo. La habilidad está ahora en saber discernir, en unas y en otros, lo que es jamón de lo que no pasa de ser simplemente tocino.