El mejor de los mejores

La Razón
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El problema ha sido la falta de comunicación con los españoles. Hasta ahí se resume la capacidad de autocrítica del presidente del Gobierno. Posteriormente, en un alarde de modestia, ha manifestado lo que sigue: «Creo que soy el mejor candidato para las próximas elecciones generales». Cabe destacar que lo ha dicho completamente en serio, y que el entusiasmo que ha despertado su creencia entre los barones del PP ha sido perfectamente descriptible. Tan sólo se ha atrevido a aplaudir Floriano, pero sus palmas se han oído tan contundentes que Rajoy las ha agradecido como si de un director de orquesta sinfónica se tratara, entrando y saliendo del escenario repetidas veces.

No se adoptarán medidas para la regeneración del Partido Popular. El futuro de España y de los españoles está en manos de un ególatra del carajo de la vela que analiza los desastres desde su vanidad optimista. Es el mejor de los mejores. Las elecciones se han perdido porque la juventud se ha comportado con la superficialidad propia de las edades tempranas.

No obstante, esa juventud ha preferido para Madrid a una mujer bastante mayor que es como Lenin con melenas, y es de esperar que el espíritu de Lenin sea generoso conmigo y sepa disculparme. La expresión de Rajoy denota el esfuerzo de la resistencia a ultranza, su resistencia personal, porque su pertinaz megalomanía le impide analizar con generosidad y buen criterio la magnitud de las grietas que se han abierto en la sede de Génova. Las grietas pueden cerrarse siempre que no sean Rajoy y los de su equipo de confianza los albañiles.

Ahí está Feijóo. Ahí Ana Pastor. Ahí la misma Cristina Cifuentes, que ha vencido en Madrid superando toda suerte de dificultades. Ahí, la sinceridad y la modestia de Herrera, el presidente de Castilla-León que gobierna desde casi dos decenios la Vieja Castilla sin haber dado jamás un escándalo o caído en una dejación. Hay muy buena gente, y muy preparada, y muy competente en el Partido Popular. En el Gobierno de Rajoy destacan otros ministros, como Fernández Díaz, Tejerina, García Margallo o Morenés, sobradamente capacitados para renovar un Gobierno. Y la vicepresidenta Saénz de Santamaría, que trabaja en la yema de España y no se distrae exclusivamente con el horizonte de Europa. Está muy bien que en Bruselas el finlandés Kaakkonen, el alemán Von Kakenn, el belga Van Kukenn y el danés Kakkensen, reconozcan y manifiesten su admiración por Rajoy.

Pero esa admiración no les afecta a los Pérez, los López, los Rodríguez y los García que votan en España, y que aún no han percibido los grandes logros económicos de Rajoy, que tampoco ha hecho demasiado esfuerzo por explicárselos. Porque el problema de comunicación al que se refiere el presidente del Gobierno como fundamental causa del afligido desastre electoral, no es tal. No puede haber problema en la comunicación cuando la comunicación no ha existido.

Tampoco es excusa la falta de atractivo y de gancho personal. Ya me dirán el atractivo y gancho personal que derrocha la señora Carmena. Y ahí la tienen, tan campante. El Partido Popular, o mejor dicho, algunos de los dirigentes del Partido Popular, producen rechazo por su lejanía, su prepotencia y su falta de cordialidad. Viene de lejos.

El resultado de las elecciones exige un cambio inmediato en el proceder del partido gobernante. Caras nuevas e ilusiones renovadas. Los jóvenes han votado a otros partidos, no a otros jóvenes. La macroeconomía les parece muy bien, pero les interesa más su piso, su jardín y sus ahorros, que ya están en manos de la Agencia Tributaria. Cuando se pierde teniendo todo para ganar, hay que saber marcharse. El mejor de los mejores se ha convertido en una peligrosa calamidad.