El no del PSC

Artur Mas no sabe cómo salir del atolladero en el que se ha metido. Quiere empezar la legislatura marcando paquete en soberanía para sacar pecho ante Rajoy y vestir de largo su transición nacional, pero su gozo está en un pozo. No consigue esa mayoría excepcional porque los socialistas no están mordiendo el anzuelo. Sin el PSC, Mas sabe que empieza su larga marcha con un coche sin ruedas. No se lo puede permitir.

Las cosas no empezaron bien. CiU y ERC pusieron sobre la mesa, con intención de aprobar el día 23, una resolución adhesiva, o sea, en la que sólo cabía la adhesión inquebrantable. La presentaron como las lentejas, o las tomas o las dejas. Sin consenso, los socialistas junto a ICV las dejaron. No era una declaración consensuada. Era una declaración impuesta. A partir de aquí, viéndose con el agua llegó al cuello empezaron las rebajas. Retiraron la referencia al estado propio dando un paso atrás en su ardor secesionista. Mas, en persona, reculó de nuevo al plantear una consulta sin consecuencias jurídicas.

A pesar de los intentos, la resolución sigue siendo soberanista. No plantea el derecho a decidir, simplemente lo utiliza como excusa para llegar a la independencia. No es menor, reconocer en el preámbulo que el pueblo catalán es el sujeto de la soberanía. Tampoco, lo es no reconocer la legalidad. Oyendo a los nacionalistas, parece que la legalidad sea un principio menor. No lo es. Sin legalidad la democracia está secuestrada.

No respetar el ordenamiento vigente da paso a la sandez. El alcalde de Alella, Andreu Francisco, lo demostró esta semana. Se presentó ufano en la Agencia Tributaria catalana. Allí pagó los impuestos municipales. La bravuconada duró apenas 24 horas. Las que tardó la agencia catalana en transferir el dinero a la estatal. Se le presentó como un valiente, un héroe que apenas llega a villano.

En este escenario, los socialistas deben votar no en el Parlament. No cabe otra alternativa. El PSC no debe ser cómplice del proceso soberanista, sobre todo, porque no es soberanista. El derecho a decidir tampoco lo es. No pueden ser pieza clave en un proceso de incertidumbre ni permitir que la legalidad sea etérea. Mas lo sabe. Esta semana intentará suavizar el texto porque los votos socialistas se hacen indispensables. Intentará que la mona se vista de seda. Los socialistas deben saber que aún así mona se queda.