El pulso

Hombre rico, hombre pobre. Deportista limpio, deportista dopado. Rusos sí, rusos no. Ése es el dilema. Muchas voces se han alzado en contra de la decisión del COI de no mandar a todo el deporte ruso a freír espárragos. Otros muchos han aplaudido la decisión, que no era fácil porque conlleva una pesada carga de profundidad política. En el caso de que otro país, pongamos que España, para encontrar el cofre de las medallas hubiese recurrido al «dopaje de Estado», es más que probable que a estas horas todo el deporte español purgara los pecados en casa. Pero es Rusia, que organiza un Mundial de fútbol en 2018, que discute cara a cara con EE UU (y China) la hegemonía mundial y que se malicia que canadienses y estadounidenses han presionado para borrarlos de Río, de ahí la decisión del COI, que ha optado por castigar las evidencias en lugar de ejemplarizar.

Pero ha sucedido también que al COI se «la han intentado meter doblada» los de la Agencia Mundial Antidopaje, que filtraron el «informe McLaren» a otras agencias nacionales antes de que llegara a las manos de Bach, para provocar el descarte total de los hijos de Putin. Esa AMA, subvencionada al 50 por ciento por el COI, tiene más peligro que el TAS (Tribunal de Arbitraje del Deporte) y no sería extraño que el día menos pensado ambos organismos desaparecieran o fueran refundados. Huelen fatal y Bach ha recordado a la AMA que si tenía constancia de los chanchullos rusos desde 2010, ¿por qué ha reaccionado ahora?

Por todo ello, ha nombrado una comisión para cribar las decisiones de las federaciones internacionales. Juan Antonio Samaranch Salisachs es uno de los tres miembros. A él le pareció vergonzoso lo que ha hecho Rusia. No les temblará el pulso.