Errejón en misa

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Jorge Verstrynge, quien en legítimo uso de su libertad de pensamiento dio el salto del tigre desde la derecha de Alianza Popular (a la diestra de lo que luego fue el PP) al nuevo socialismo bolivariano, llegando a dar clases a la oficialidad chavista y sirviendo de cabo de gastadores a Podemos, sabe de la utilidad política de Madrid como cementerio de elefantes y podría ilustrar a Iñigo Errejón sobre las arenas movedizas a las que ha sido desterrado por el renacido «matrimonio Ceaucescu». Verstrynge decía que llevaría a Manuel Fraga a La Moncloa, «aunque fuera en burro», y urdió proponerle a la Alcaldía de Madrid como trampolín para la Presidencia del Gobierno. Don Manuel creyó oler a cuerno quemado y destituyó fulminante y humillantemente a quien era número dos y mano derecha en AP. No es presumible que Verstrynge pretendiera meter a don Manuel en una vía muerta y sí que, como politólogo, quisiera calcar aquí la «Operación Chirac», que a finales de los noventa llevó a la derecha francesa al Elíseo pasando por la primera Alcaldía de París, ignorando que Madrid, Villa y Corte, o autonomía, carecen del peso específico de la capital de Francia. El hugonote Enrique de Borbón se convirtió al catolicismo con aquello apócrifo de «París bien vale una Misa», pero Madrid, municipal o autonómico, nunca ha sido hasta ahora el camino del Gobierno de España, excepción hecha de la mosca en vaso de leche del olvidable Carlos Arias Navarro. Enrique Tierno Galván aspiraba a la Presidencia de la III República y al no llevar la Historia ese camino se conformó con la posibilidad de presidir un Gobierno monárquico, hasta que Felipe González y Alfonso Guerra le estacionaron en la atractiva vía muerta de la Alcaldía madrileña. Errejón no es una víctima, siendo tan comunista como Iglesias o Montero, sus ejecutores, aunque se maquilla mejor, pero el Gobierno autonómico madrileño es un caramelo envenenado. Por más que la intención de voto de centro-derecha sea declinante, Madrid es centro geográfico y político desde que se fue su padre putativo Joaquín Leguina y la radicalización de Podemos no va a ayudar a Errejón. Estará dispuesto a ir a Misa por Madrid, pero va al cementerio de prosbocidios. A Indalecio Prieto le invitó una logia a una tenida para captarle. Afirmó a la salida: «Prefiero la Misa». Errejón ya está cantando el «Señor, ten piedad».