Espacio de lenguas ibéricas

La Razón
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La Geopolítica nació con referencia al espacio geográfico y su influencia sobre los Estados y la política. El término, aunque acuñado por el sueco Kjellen, se considera que su creador científico fue el alemán Friedrich Ratzel, que en 1897 publicó su «Geografía Política», donde puso las bases para la caracterización de contenido científico. En 1922, el historiador Lucien Febvre promovió el concepto en «La tierra y su evolución humana», una extensa colección en la que se pone en relación inmediata y dinámica el medio geográfico con las sociedades humanas. Por último, otro gran historiador francés, discípulo de Febvre, Fernand Braudel, ha creado y desarrollado el concepto de «Geohistoria», donde se pone en fecunda relación Biología y «longue durée»; se interfieren los problemas y los resultados de la relación de los diversos tiempos históricos, respecto a la dinámica relampagueante de superficie en «El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II». O bien en la deslumbrante investigación «Civilización Material, Economía y Capitalismo», donde puede apreciarse la hondura de su investigación sobre el Atlántico, Europa y América Española, desde el siglo XV al siglo XVIII, para conducir las sociedades atlánticas desde los mercados y mediante el intercambio económico a la idea supuesta por el motor de la historia, que es el Capitalismo.

El gran espacio y el tiempo largo constituyen, pues, los grandes lazos intersociales, políticos, económicos, culturales, religiosos, de pensamiento y mentalidades en la sociedad occidental. Ahora he tenido ocasión de valorar la presentación de un libro magistral del doctor Frigdiano Álvaro Durántez Prados, Magister de Estudios Internacionales en la prestigiosa Escuela Diplomática de Madrid y Magister Universitario en Estudios Superiores Iberoamericanos. Ha sido su Tesis Doctoral en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. El título de este libro revela una formación histórica de primera magnitud: «Paralelismos y convergencias entre la Comunidad Iberoamericana de Naciones y la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa», y se cierra con una pregunta que debía haber sido la incisiva cuestión histórica, acaso sin necesitar interrogante: «¿Existe un espacio multinacional de países de lenguas ibéricas?».

Es una investigación de perspectivas historiológicas de fundamento múltiple: geográfico, histórico, social y cultural, que sitúa en «interacción» la Comunidad Iberoamericana de Naciones –conjunto de países de lenguas ibéricas de América y Europa–, por otra parte en conexión con los países de lengua portuguesa en África y Asia. Los engranajes y relaciones de estos dos inmensos espacios constituyen el objeto de análisis y el importante contenido analítico que presenta esta destacada investigación. No puedo dejar de acordarme del pensamiento del gran historiador de la lengua española, catedrático de Gramática española en la Universidad Complutense y eminente académico Don Rafael Lapesa, en sus artículos en revistas, poniendo de relieve la importancia decisiva de las lenguas del mismo tronco genético para crear y asentar fuertes unidades creadoras de pensamiento y cultura común.

Se añade, con la gran obra de Durántez, donde analiza y estudia paralelismos y convergencias entre el «lusotropicalismo» y el «hispanotropicalismo» para establecer caracteres generales de unidad e identidad entre comunidades iberoamericanas y países de lenguas portuguesas. Durántez establece, examina, profundiza y conecta vínculos e interconexiones recíprocas y llega mucho más lejos, analizando «marcadores», como miembros espaciales entre las naciones, insiste desde el punto de vista histórico y de las estructuras que componen el mundo real histórico para añadir a la gran labor que desde el conocimiento lingüístico ha aportado la escuela de Menéndez Pidal, a la cual pertenecen Dámaso Alonso, Amado Alonso, Fernández Ramírez, Rafael Lapesa, Alarcos García y García Blanco; y, sobre todo, piénsese en los «Mapas» dialectológicos del eminente filólogo Manuel Alvar.

Hemos de darnos la enhorabuena con la aparición de esta decisiva monografía de Durántez Prados, superadora de tantas pequeñas cosas que la UNESCO ha hecho para minusvalorar la obra atlántica de España y su conjugación cultural con Portugal. Quedamos a la espera de la gran obra definitiva del doctor Durántez.