Hacerse un «Nerón»

Los nacionalistas han llegado a la conclusión moral de que su Declaración de Soberanía no puede ser aprobada únicamente por CiU y ERC. Ahora ya sólo queda esperar a que se percaten de que el dichoso documento tiene idéntica validez que el DNI de la Nancy Scooter y se dediquen a cosas más productivas como cuadrar las cuentas autonómicas o quitarle las pelusillas a la respetabilidad de sus líderes que anda un tanto baja, ora por su presunta predisposición a distraer el dinero en bolsas, ora reconociendo su mano larga, sin presunción alguna, a cambio de prebendas judiciales.

Sabemos que no va a ser una tarea fácil. Tenemos por delante horas y horas –laborales y remuneradas– de reuniones, pactos y plenos sobre el asunto, igual de tediosas e inútiles. Y lo peor es que todos –Gobierno, periodistas, y los especialistas en derecho constitucional que se han aprestado a declarar por enésima vez que este asunto no tiene cabida dentro del actual marco jurídico– entramos en ese juego como si la dichosa declaración no tuviese la consistencia de un flan de huevo o no fuese una ocurrencia más de las muchas acuñadas en los últimos tiempos por Arturo y los caballeros de la mesa estelada.

Me cuentan que entre la ciudadanía de a pie y al abrigo de millones de peñas, proliferan un sinfín de apuestas sobre cuál será la siguiente memez con la que nos sorprendan. Por lo visto, la obligatoriedad de subtitular en catalán las películas mudas se paga tres a uno y la coronación de Más con cetro y armiño, seis a dos.

Cualquier cosa es posible con unos dirigentes empeñados en hacerse un «Nerón», o lo que es lo mismo: en seguir tocando la lira secesionista mientras Cataluña se incinera en problemas de probada contundencia. Gente seria, vaya.